MONTREAL, 5 de marzo — Un nuevo metaanálisis realizado en Estados Unidos concluye que los hombres sometidos a cirugía por cáncer de próstata no siempre necesitan terapia hormonal para bloquear la producción de testosterona tras la operación. Este hallazgo podría evitar que muchos pacientes sufran los efectos secundarios comunes y debilitantes de la terapia hormonal, que incluyen fatiga intensa, sofocos, disfunción sexual, aumento de peso, pérdida ósea y un mayor riesgo de enfermedades cardíacas y cardiovasculares.
El Dr. Fred Saad, especialista en cáncer de próstata del Centro Hospitalario Universitario de Montreal (CHUM), señaló que “no debemos concluir que la terapia hormonal sea inútil. Lo que dice el estudio es que si hacemos las cosas correctamente, podemos evitar para algunos pacientes los riesgos y desventajas de la terapia hormonal y administrar únicamente radioterapia”.
Contexto del tratamiento
Tradicionalmente, los hombres que se someten a prostatectomía radical reciben después radioterapia y terapia hormonal para reducir la probabilidad de recurrencia del cáncer. La terapia hormonal, también conocida como terapia de privación androgénica, busca disminuir los niveles de testosterona, hormona que puede estimular el crecimiento de células cancerosas en la próstata.
Sin embargo, el metaanálisis estadounidense, que combinó los resultados de seis ensayos clínicos con la participación de aproximadamente 6.000 hombres, encontró que alrededor del 84% de los pacientes permanecieron vivos después de la cirugía, sin importar si recibieron o no terapia hormonal adicional. Esto sugiere que, en muchos casos, la radioterapia por sí sola podría ser suficiente para controlar la enfermedad.
Resultados específicos y excepciones
Si bien la terapia hormonal no mostró un beneficio generalizado en todos los pacientes, sí se observó que podría mejorar ligeramente la supervivencia en aquellos con niveles elevados de antígeno prostático específico (PSA), un marcador que indica mayor riesgo de recurrencia o progresión del cáncer. Este hallazgo subraya la importancia de un enfoque personalizado, evaluando cuidadosamente el perfil clínico de cada paciente antes de decidir si la terapia hormonal es necesaria.
El Dr. Saad enfatizó: “No quiero que los pacientes piensen que todos evitarán la terapia hormonal. En general, probablemente no sea necesaria. Pero habrá pacientes que requerirán un abordaje más agresivo, y por quienes tendremos que hacer más, no menos”.
Consideraciones sobre la radioterapia
Aunque la radioterapia por sí sola es menos invasiva que la combinación con terapia hormonal, también conlleva riesgos y efectos secundarios, como inflamación, irritación de la vejiga o del recto, y fatiga leve a moderada. La diferencia, según los especialistas, es que estos riesgos suelen ser menos severos que los derivados del uso combinado con la terapia hormonal. Por ello, el Dr. Saad advierte que “habrá situaciones en las que podamos permitirnos esperar un poco más antes de decidir si se añade terapia hormonal”.
El especialista añadió que el objetivo siempre es ofrecer el tratamiento más efectivo para erradicar el cáncer, pero sin comprometer innecesariamente la calidad de vida del paciente. “Si exponemos al paciente a toxicidades innecesarias, puede que sea lo mejor para el cáncer, pero no necesariamente lo mejor para el paciente. Ese es nuestro reto: personalizar el tratamiento y equilibrar eficacia con seguridad y bienestar”, concluyó.
Implicaciones clínicas
Estos resultados podrían modificar la práctica clínica, orientando a los médicos hacia una estrategia más conservadora en ciertos casos postquirúrgicos, evitando la exposición innecesaria a terapias agresivas cuando la evidencia sugiere que la radioterapia sola es suficiente. Además, refuerza la tendencia actual de medicina personalizada en oncología, donde las decisiones se toman basadas en factores individuales como el PSA, el estadio tumoral, la edad y la salud general del paciente.
El estudio completo se publica en la revista médica internacional The Lancet, y se espera que influya en futuras guías clínicas sobre el manejo postoperatorio del cáncer de próstata, contribuyendo a una mejor calidad de vida para los hombres que enfrentan esta enfermedad.
Este hallazgo representa un avance significativo hacia tratamientos más personalizados, menos invasivos y con un enfoque en el equilibrio entre eficacia y calidad de vida del paciente.








