Washington, 18 agosto.- Estados Unidos y Canadá mantienen intensas negociaciones para alcanzar un acuerdo comercial antes del plazo fijado por el presidente estadounidense Donald Trump, quien ha amenazado con imponer nuevos aranceles del 50 % a unos 20.000 millones de dólares en productos canadienses.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, confirmó que ambos países mantienen conversaciones de última hora y calificó el proceso de «muy intenso y delicado». Posteriormente, Carney y Trump hablaron por teléfono sobre las negociaciones, en un intento por acercar posiciones antes de que venza el plazo a las 12:01 de la madrugada del miércoles.
La amenaza arancelaria afecta a productos que van desde palos de hockey hasta artículos médicos, y supone una nueva escalada en las tensiones comerciales entre los dos principales socios económicos de América del Norte.
Canadá busca evitar una nueva escalada comercial
Cerca del 72 % de las exportaciones canadienses de bienes tienen como destino Estados Unidos, lo que convierte al mercado estadounidense en fundamental para la economía canadiense.
Ottawa busca principalmente obtener alivio de los aranceles estadounidenses sobre el acero, el aluminio y la madera blanda, mientras Washington pretende conseguir nuevas concesiones comerciales y económicas.
Entre las exigencias estadounidenses figuran una mayor compra de equipamiento militar estadounidense, incluidos los cazas F-35, una eventual participación canadiense en el proyecto de defensa antimisiles Golden Dome y un mayor acceso de Estados Unidos a los minerales críticos de Canadá.
La disputa se produce además mientras ambos gobiernos avanzan hacia la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), lo que convierte los nuevos aranceles en una herramienta adicional de presión de Washington sobre Ottawa.
Trump endurece su estrategia arancelaria
Trump ha convertido los aranceles en uno de los principales instrumentos de su política económica durante su segundo mandato. En esta ocasión, su administración recurrió a la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición que permite imponer gravámenes de hasta el 50 % a productos procedentes de países considerados discriminatorios con las empresas estadounidenses.
La medida resulta especialmente controvertida porque esta disposición, creada hace casi un siglo, nunca había sido utilizada anteriormente para imponer este tipo de aranceles.
Trump sostiene que Canadá discrimina a las empresas estadounidenses mediante sus políticas sobre automóviles, alcohol y productos lácteos, y también ha criticado que Ottawa haya respondido con medidas de represalia a anteriores aranceles estadounidenses.
La referencia a la legislación de 1930 ha generado comparaciones con los aranceles Smoot-Hawley, aprobados durante la Gran Depresión y considerados por numerosos economistas como un factor que contribuyó al deterioro del comercio mundial.
Presión política para el Gobierno de Carney
El primer ministro canadiense enfrenta además una creciente presión interna para evitar cualquier acuerdo que pueda interpretarse como una concesión excesiva a Trump.
La tensión con Washington ha generado un fuerte rechazo entre sectores de la población canadiense, mientras una petición para solicitar la salida del embajador estadounidense en Canadá, Pete Hoekstra, ha reunido cerca de 218.000 firmas.
El profesor de Ciencias Políticas de la Universidad McGill Daniel Béland advirtió que el Gobierno de Carney corre el riesgo de parecer débil frente a Washington si acepta nuevas exigencias sin obtener concesiones importantes a cambio.
«El Gobierno de Canadá no puede parecer que simplemente está cediendo ante las exigencias del Gobierno de Trump», señaló.
El ministro canadiense responsable del comercio con Estados Unidos, Dominic LeBlanc, se reunió el lunes con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, pero evitó revelar detalles sobre las conversaciones.
«El trabajo continúa. Seguimos haciendo nuestro trabajo», declaró LeBlanc tras el encuentro.
Con el plazo cada vez más cerca, Washington y Ottawa intentan evitar una nueva guerra comercial que podría afectar a miles de productos y aumentar los costos para empresas y consumidores de ambos países.








