MOSCÚ, 5 Marzo.— Rusia se distancia de Irán y prioriza sus intereses económicos ante la crisis en Oriente MedioRusia adoptó una postura pública de distanciamiento frente a Irán tras el cierre del estrecho de Ormuz y la escalada del conflicto en Medio Oriente, enfatizando que “no es nuestra guerra”, según declaraciones del portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. Moscú ha dejado claro que su principal prioridad es proteger la economía nacional y preservar sus beneficios en medio de la tensión internacional, sin intervenir directamente en los combates a pesar de mantener una alianza histórica con Teherán.
La estrategia rusa frente al conflicto
Peskov subrayó que Rusia no cuenta con capacidad para frenar el conflicto y que la responsabilidad recae en los actores que iniciaron la guerra. Recordó que en episodios previos, como los ataques a Irán en el verano de 2025, el Kremlin optó por una posición de no intervención directa, enfocándose en minimizar el impacto de las convulsiones globales sobre la economía rusa. “Buscamos asegurar nuestros propios beneficios en medio de la crisis, incluso si esto puede parecer cínico ante la opinión pública internacional”, agregó el portavoz.
Por su parte, el ministro de Energía, Serguéi Tsivilev, indicó durante su visita a la residencia del embajador iraní en Moscú que la cooperación económica con Irán continuará pese a los desafíos derivados del conflicto. Tsivilev confirmó que ambos países firmaron un nuevo acuerdo intergubernamental y que mantendrán el cronograma de trabajo previamente establecido, incluyendo proyectos energéticos y tecnológicos, especialmente en el desarrollo y producción de drones Shahed.
Impacto geopolítico y económico
El cierre del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras petroleras en el golfo Pérsico han provocado un aumento en los precios del petróleo, situación que podría beneficiar temporalmente la economía rusa. Según estimaciones del enviado económico del Kremlin, Kirill Dmitriev, los precios podrían superar los 100 dólares por barril, lo que aliviaría parcialmente la presión sobre el presupuesto de guerra de Moscú. Sin embargo, los suministros de petróleo ruso hacia China e India no se verían afectados por interrupciones en el estrecho, y solo una crisis prolongada en la región podría generar un beneficio económico sostenido.
Analistas europeos coinciden en que Rusia tiene interés en que la crisis se prolongue, ya que un escenario de tensión sostenida distrae a Estados Unidos y a sus aliados europeos del conflicto en Ucrania, permitiendo a Moscú mantener presión estratégica en el este de Europa. Sin embargo, la prolongación del conflicto también evidencia las limitaciones del Kremlin para influir en escenarios internacionales, tras la pérdida de aliados históricos como Siria, Venezuela e Irán.
Influencia disminuida de Rusia
El asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei, ha evidenciado la reducción de la influencia de Rusia en el ámbito internacional. Según expertos citados por The Washington Post, la muerte de Khamenei representa un golpe a la red de aliados antioccidentales del presidente Vladimir Putin y refleja la creciente incapacidad de Moscú para contrarrestar la estrategia global de Estados Unidos. El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, aseguró que esta situación demuestra los límites del poder ruso y su dificultad para proteger a sus socios estratégicos.
A pesar de esto, Moscú mantiene canales diplomáticos abiertos. Ha sostenido conversaciones con líderes del golfo Pérsico y ha ofrecido mediar en el conflicto, aunque expertos consideran que su capacidad de influencia en la región es limitada. El Kremlin reconoce que la prolongación de la crisis podría beneficiar indirectamente su postura en Ucrania, al desviar recursos y atención de Estados Unidos y sus aliados europeos.
Cooperación económica con Irán y perspectivas futuras
Aunque Rusia se ha distanciado militarmente de Irán, mantiene la cooperación económica con la nación persa, incluyendo acuerdos en energía, tecnología y defensa no militar. Moscú apuesta por preservar la relación con Irán, pero advierte que su margen de maniobra es cada vez más limitado. Existe la posibilidad de que Rusia mantenga vínculos con un eventual sucesor del régimen iraní, similar a lo ocurrido con Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro, siempre que estos no comprometan sus intereses estratégicos y económicos.
En resumen, la política rusa frente a la actual crisis en Oriente Medio refleja un cálculo pragmático: priorizar la economía y la estabilidad interna, limitar la exposición militar directa y mantener la cooperación económica con Irán, mientras evalúa oportunidades estratégicas que puedan fortalecer su posición en el conflicto ucraniano y en el tablero energético global.








