Tel Aviv, 11 ene.- El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, aseguró este domingo que su Gobierno está “monitoreando de cerca” las protestas que sacuden Irán, en un contexto de creciente tensión regional marcada por las amenazas de Estados Unidos contra Teherán y el temor a que un nuevo conflicto arrastre a Oriente Medio a otra guerra de gran escala.
Al inicio de la reunión semanal de su gabinete, Netanyahu elogió lo que calificó como el “tremendo heroísmo” del pueblo iraní frente a la represión, condenó la muerte de civiles y expresó su deseo de que, en el futuro, Israel pueda reconstruir sus relaciones con Irán una vez que el país sea “liberado del yugo de la tiranía”.
El mandatario israelí abordó la situación tras mantener una conversación telefónica la noche del sábado con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la que ambos analizaron distintos asuntos regionales, incluida la evolución de la crisis iraní, según confirmaron fuentes oficiales israelíes.
Pese a la tensión, el Ejército israelí informó de que no se han emitido nuevas directrices para la población civil, como la obligación de permanecer cerca de refugios antiaéreos, al no existir por ahora indicios concretos de un ataque inminente con misiles desde Irán, como ocurrió en episodios anteriores de máxima alerta.
Desde el ámbito militar, Israel considera que las protestas constituyen un “asunto interno iraní”, aunque ha dejado claro que sus fuerzas armadas están preparadas para responder “con contundencia” si la situación deriva en amenazas directas contra su seguridad.
Analistas de inteligencia israelíes coinciden en que es poco probable que Israel inicie un ataque en este momento. Danny Citrinowicz, exresponsable del análisis sobre Irán en la inteligencia militar y actual investigador del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel, señaló que el liderazgo iraní está debilitado y distraído por la crisis interna, lo que reduce el incentivo de Teherán para abrir un nuevo frente con Israel.
Según Citrinowicz, ninguna de las partes tiene interés en repetir una guerra como la vivida el pasado verano, cuando Israel atacó instalaciones nucleares y militares iraníes para frenar el avance del programa atómico de la República Islámica, y Teherán respondió con bombardeos de misiles. Aquel conflicto dejó más de un millar de muertos en Irán y decenas de víctimas en territorio israelí.
En este contexto, expertos advierten de que una intervención militar externa podría incluso debilitar las protestas, al fomentar un sentimiento nacionalista en Irán y unir a la población frente a un enemigo común, en lugar de acelerar un cambio político interno.
Desde Teherán, las advertencias no han cesado. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, declaró este domingo que tanto Estados Unidos como Israel serían “objetivos legítimos” si se produce un nuevo ataque contra la República Islámica, mientras diputados coreaban consignas contra Washington.
Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha reiterado en los últimos días sus advertencias a Irán, subrayando que suele cumplir sus amenazas. Sin embargo, expertos israelíes insisten en que Jerusalén no desea involucrarse en la política interna iraní y que su principal preocupación sigue siendo la capacidad militar de Teherán, especialmente en lo relativo a misiles balísticos y al programa nuclear.
“Israel no quiere inmiscuirse en un asunto interno iraní”, coinciden varios analistas, que consideran que solo un cambio drástico en el equilibrio militar regional podría modificar la actual postura de cautela adoptada por el Gobierno israelí.








