Montreal, 11 ene.- Cientos de iraníes residentes en Montreal se congregaron el sábado por la tarde en el centro de la ciudad para manifestarse en apoyo al pueblo de Irán, que desde hace dos semanas enfrenta protestas masivas motivadas inicialmente por la crisis económica y que ahora se han intensificado en un rechazo directo al régimen de los ayatolás.
Durante la manifestación, los participantes expresaron su deseo de libertad, democracia y derechos humanos. “Queremos libertad, queremos libertad de elección y un sistema democrático, eso es lo que todos queremos”, declaró Sarah Tamizi, una iraní residente en Montreal. Otros asistentes, como Donya Ziae y Hessam Sobhani, advirtieron sobre el temor constante a la represión y el impacto psicológico del apagón de internet y las comunicaciones en Irán. “Cada vez que hay un apagón, solo significa una cosa: habrá más derramamiento de sangre y más arrestos”, comentó Ziae.
El corte de internet y de líneas telefónicas en Irán ha aislado al país del mundo, dificultando la comunicación con familiares y amigos. Sobhani afirmó que la imposibilidad de contactar con sus seres queridos genera estrés y ansiedad permanente, afectando incluso su vida cotidiana y su concentración en el trabajo. Golan Shaverdi expresó sentimientos similares: “En mitad de la noche, me despierto y miro las noticias. Quiero saber qué va a pasar y eso me mantiene la mente ocupada todo el tiempo. Ya no puedo funcionar”.
Las cifras oficiales son confusas debido a la censura y los cortes de comunicación, pero organizaciones de derechos humanos reportan que al menos 65 personas han muerto y más de 2.300 han sido detenidas en las protestas. Mientras tanto, las autoridades iraníes, encabezadas por el fiscal general Mohammad Movahedi Azad y el líder supremo Ali Khamenei, han amenazado con considerar a los manifestantes “enemigos de Dios”, lo que puede acarrear la pena de muerte, y culpan a agentes extranjeros de fomentar la inestabilidad.
Entre los manifestantes en Montreal, la opinión sobre la intervención internacional se divide. Bijan Jalali, quien dejó Irán tras la Revolución Islámica de 1979, expresó su rechazo a cualquier intervención militar extranjera: “Esta es nuestra lucha. No creemos en ninguna intervención de las potencias extranjeras, sean quienes sean”. Por su parte, otros como Shaverdi y Sobhani reconocen que aunque no apoyan la intervención, podrían considerar ayuda externa si esto protegiera a los manifestantes y ayudara a aliviar la crisis.
Tamizi, sin embargo, destacó que la presencia de la comunidad iraní en Montreal tiene un valor simbólico más que práctico: “Cualquier otra ayuda no nos traerá la democracia, pero aun así estoy aquí simplemente para ser la voz de mi nación. Les sigo lo que quieran”.
Desde Ottawa, el primer ministro canadiense Mark Carney expresó el apoyo del país a los derechos humanos en Irán: “Canadá condena enérgicamente el asesinato de manifestantes e insta a Irán a permitir la libertad de expresión y de reunión pacífica sin temor a represalias”.
Los manifestantes esperan que la presión y la visibilidad internacional contribuyan a que el régimen iraní termine y que el país pueda avanzar hacia la paz, la estabilidad económica y un futuro con mayor respeto a los derechos civiles y políticos.



