WASHINGTON, 2 mar. 2026 — El Congreso de Estados Unidos se prepara para un intenso debate sobre los límites del poder presidencial tras los ataques de Donald Trump contra Irán, en un escenario inusual: la operación militar conjunta con Israel, denominada Operación Furia Épica, ya está en marcha y el país, en esencia, se encuentra en guerra.
Al menos cuatro militares estadounidenses han muerto, y Trump advirtió que “probablemente habrá más”. La acción ha generado preocupación entre legisladores de ambos partidos por la aparente falta de justificación estratégica y por el hecho de que el Congreso, según la Constitución, es el único órgano autorizado para declarar la guerra.
Precedentes históricos y poderes de guerra
En contraste con conflictos previos, como la Guerra de Irak en 2003 o los ataques limitados a Venezuela, esta vez el conflicto comenzó sin la aprobación previa del Congreso. A lo largo de la historia estadounidense, el Congreso solo ha declarado la guerra cinco veces, la más reciente en 1941 tras Pearl Harbor. En otros casos, ha aprobado autorizaciones para el uso de la fuerza militar, como en la Guerra del Golfo de 1990 y las operaciones post 11-S en Afganistán e Irak.
Durante la Guerra de Vietnam se aprobó la Resolución de Poderes de Guerra, diseñada para limitar la acción presidencial sin autorización legislativa, pero su efectividad histórica ha sido limitada. Esta semana, tanto la Cámara de Representantes como el Senado planean votar resoluciones que busquen frenar las operaciones militares de Trump en Irán.
El senador Mark Warner, principal demócrata en el Comité de Inteligencia del Senado, declaró que Trump “no tiene derecho a hacer esto por su cuenta” y subrayó que cualquier compromiso militar significativo requiere la aprobación del Congreso y del pueblo estadounidense.
Tensiones políticas y estratégicas
Aunque los demócratas critican al régimen iraní, destacan que Trump no ha presentado una estrategia clara ni objetivos definidos, y la coalición MAGA se encuentra dividida por lo que algunos perciben como un incumplimiento de su promesa de “Estados Unidos primero”.
Funcionarios de la Casa Blanca informarán a los líderes del Congreso y legisladores esta semana, pero las sesiones serán a puerta cerrada, limitando la supervisión pública.
El poder de financiamiento del Congreso sigue siendo su principal herramienta: incluso si se aprueba una resolución para frenar a Trump, superar un posible veto presidencial requeriría una mayoría de dos tercios en ambas cámaras, lo cual es improbable dado el control republicano actual.
Apoyo legislativo y visión presidencial
El Congreso está dominado por republicanos que, en gran medida, apoyan la concentración de poder militar de Trump contra Irán y recientemente aprobaron 175.000 millones de dólares en fondos adicionales para el Pentágono.
El senador republicano Tom Cotton, presidente del Comité de Inteligencia del Senado, señaló que Trump no planea enviar tropas terrestres a Irán, y que se trata de una campaña aérea y naval prolongada, con posible rescate de pilotos derribados. Añadió que la campaña podría extenderse varias semanas mientras Irán nombra a un nuevo líder y define su respuesta.
Enfrentamiento institucional
El debate actual evidencia un choque entre el poder ejecutivo y la autoridad constitucional del Congreso. Expertos como John Yoo, profesor de derecho en la Universidad de California en Berkeley, recuerdan que la Constitución estableció un equilibrio en el que el Congreso controla el financiamiento y, por lo tanto, puede detener conflictos no autorizados. Sin embargo, la concentración de poder en manos del presidente y el alineamiento partidista dificultan ejercer ese control en la práctica.
Mientras Trump mantiene su enfoque unilateral, Estados Unidos enfrenta una nueva realidad: una guerra ya iniciada, con objetivos inciertos, pérdidas humanas y una tensión política que pone a prueba los límites constitucionales del poder presidencial.








