Dubái, 16 enero.- Irán atraviesa una frágil calma tras semanas de protestas masivas que fueron sofocadas mediante una represión sangrienta, mientras sectores del ala más dura del régimen reclaman penas de muerte para los manifestantes detenidos y lanzan amenazas directas contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En contraste, el mandatario estadounidense adoptó este viernes un tono conciliador, al agradecer públicamente a las autoridades iraníes por no ejecutar a cientos de detenidos, lo que refuerza la percepción de que Washington se estaría alejando, al menos por ahora, de una opción militar directa contra la república islámica.
Trump había establecido previamente dos líneas rojas claras para una eventual acción armada: ejecuciones masivas de manifestantes y asesinatos sistemáticos de civiles desarmados.
«Irán canceló la ejecución de más de 800 personas. Respeto mucho el hecho de que lo cancelaron», declaró Trump a periodistas en Washington, sin precisar con quién mantuvo contacto dentro del régimen iraní.
Protestas sofocadas tras miles de muertos
Las manifestaciones, que estallaron el 28 de diciembre impulsadas por el deterioro económico y el descontento social, desafiaron abiertamente a la teocracia iraní. Tras una violenta respuesta estatal que ha dejado miles de muertos, las protestas parecen haber sido contenidas.
En Teherán no se registran concentraciones desde hace varios días y la actividad comercial ha retomado una aparente normalidad, aunque el país continúa bajo un apagón casi total de internet que ya supera una semana. Las autoridades no han informado de disturbios en otras regiones.
Organizaciones de derechos humanos estiman que más de 3.000 personas han muerto durante la represión, una cifra sin precedentes en décadas, aunque el Gobierno iraní no ha ofrecido datos oficiales.
Sermón incendiario y amenazas a Trump
En este contexto, el ayatolá Ahmad Khatami, figura influyente del ala más dura del régimen y miembro de la Asamblea de Expertos, pronunció un sermón incendiario transmitido por la radio estatal. Durante la oración del viernes, pidió abiertamente la ejecución de los manifestantes, a quienes calificó como “soldados de Trump” y “instrumentos del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu”.
«Los estadounidenses y los sionistas no deberían esperar la paz», advirtió Khatami, en medio de cánticos que reclamaban la pena capital para los detenidos.
El clérigo aseguró además que centenares de mezquitas, hospitales, ambulancias y edificios oficiales resultaron dañados durante las protestas, así como viviendas de líderes religiosos, lo que refleja —según analistas— el nivel de ira popular contra los símbolos del poder.
Movimientos diplomáticos para reducir tensiones
Mientras el discurso interno se endurece, actores internacionales han intensificado los esfuerzos para evitar una escalada regional. El presidente ruso, Vladímir Putin, mantuvo conversaciones con líderes de Irán e Israel, en una señal de que Moscú busca contener un conflicto que podría desestabilizar aún más Oriente Medio.
Varios países árabes habrían advertido a Washington que una intervención militar en Irán tendría consecuencias graves para la economía global y para la estabilidad regional.
El hijo del sha insiste en la lucha
Desde el exilio, Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán, instó a Estados Unidos a cumplir sus promesas de apoyo a los manifestantes y llamó a mantener la presión contra el régimen.
«No tenemos otra opción que continuar la lucha», afirmó, prometiendo regresar a Irán si el sistema colapsa, aunque su figura sigue sin generar consenso dentro del país.
Tensiones latentes y un país aislado
A pesar del aparente control de las calles, la situación en Irán continúa siendo extremadamente volátil. Miles de iraníes en el exilio han salido a protestar en ciudades europeas, mientras dentro del país algunos ciudadanos cruzan fronteras para poder comunicarse con el exterior debido al bloqueo informativo.
El escenario deja a Irán en una tensa calma, con un régimen dividido entre la represión extrema y la presión internacional, y con Estados Unidos calibrando cuidadosamente cada paso para evitar que la crisis derive en un conflicto de mayor escala.



