KARACHI (PAKISTÁN), 1 marzo.- Al menos nueve personas murieron y más de veinte resultaron heridas este domingo durante los disturbios registrados cuando manifestantes proiraníes intentaron asaltar el consulado de Estados Unidos en Karachi, capital de la provincia de Sindh, en el sur de Pakistán.
La violencia estalló tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán y la muerte del líder supremo Ali Khamenei, hecho que provocó indignación en sectores de la comunidad chií paquistaní y elevó la tensión diplomática en la región.
Según autoridades locales, cientos de manifestantes marcharon hacia la sede diplomática estadounidense y lograron derribar la verja principal, ingresando al recinto y causando daños materiales. Algunos intentaron incendiar una ventana del edificio, aunque la policía aseguró que el fuego no alcanzó la estructura principal. Sí fue incendiada una caseta policial cercana y se rompieron varias ventanas antes de que las fuerzas de seguridad recuperaran el control.
El hospital principal de Karachi confirmó la recepción inicial de seis cuerpos, cifra que aumentó tras la muerte de tres heridos graves. Entre los lesionados se encuentran tanto manifestantes como miembros de las fuerzas del orden, en enfrentamientos que se prolongaron durante varias horas en las inmediaciones del consulado.
Al cierre de la jornada, decenas de personas permanecían concentradas a aproximadamente un kilómetro del edificio diplomático, lanzando piedras y exhortando a otros a sumarse a la protesta. La zona quedó acordonada con un amplio despliegue policial y paramilitar.
Las protestas se extendieron a otras ciudades del país. En Islamabad, unas 4.000 personas se congregaron frente a la embajada estadounidense, donde la policía utilizó gases lacrimógenos y efectuó disparos al aire para dispersar a los manifestantes. En Lahore y Multan también se registraron movilizaciones, mientras que en Skardu un grupo incendió una oficina local de Naciones Unidas y destruyó vehículos, generando preocupación internacional.
El ministro del Interior de Pakistán, Mohsin Naqvi, llamó a la calma y aseguró que “cada ciudadano de Pakistán comparte el duelo del pueblo de Irán”, instando a canalizar la indignación de forma pacífica y sin recurrir a la violencia.
Las autoridades reforzaron la seguridad en todas las sedes diplomáticas estadounidenses y recomendaron a la población mantenerse atenta ante posibles nuevas convocatorias de protesta.
La comunidad chií, que representa alrededor del 15 % de los 250 millones de habitantes del país, ha protagonizado en los últimos años manifestaciones contra Estados Unidos e Israel, aunque raramente con la magnitud y violencia observadas en esta ocasión.
Mientras el gobierno paquistaní busca contener la escalada, la situación sigue siendo volátil en varias ciudades, con fuerte presencia policial y llamados a evitar nuevos enfrentamientos.








