TEHERÁN (IRÁN), 1 marzo.- El régimen iraní nombró al ayatolá Alireza Arafi como integrante del consejo de liderazgo interino que asumirá la dirección del país tras la muerte del líder supremo Ali Khamenei, fallecido durante los ataques militares de Estados Unidos e Israel.
El órgano provisional se encargará de conducir la república islámica hasta que la Asamblea de Expertos, compuesta por 88 clérigos chiíes, designe a un nuevo líder supremo conforme al artículo 111 de la Constitución.
De acuerdo con el marco legal iraní, el consejo interino está integrado por el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del poder judicial Gholamhosein Mohseni-Ejei y un jurista designado por el Consejo de Guardianes. La incorporación de Arafi, figura religiosa de alto rango, busca aportar legitimidad clerical y respaldo doctrinal en medio de la transición.
Khamenei, quien dirigió el país durante 37 años, murió el sábado en su residencia oficial. Las autoridades declararon 40 días de luto nacional y aseguraron que el proceso sucesorio se desarrollará conforme a los mecanismos establecidos. El portavoz del Consejo de Guardianes afirmó que “no hay ninguna ambigüedad” respecto al procedimiento.
El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Lariyani, calificó la coyuntura como “extraordinaria y crítica” y subrayó la necesidad de evitar vacíos de poder. La ofensiva también dejó la muerte de altos mandos, entre ellos el jefe de inteligencia policial Gholamreza Rezaian, lo que ha agravado la tensión interna.
La responsabilidad exclusiva de elegir al nuevo líder recae en la Asamblea de Expertos, renovada tras las elecciones de 2024 con mayoría conservadora. Es la segunda vez desde la Revolución Islámica que se activa formalmente el mecanismo constitucional de sucesión.
En paralelo, la oposición en el exilio reaccionó con llamados a la movilización. Reza Pahlavi, hijo del depuesto sah, instó a las fuerzas de seguridad a facilitar una transición política y consideró que cualquier intento de prolongar el actual sistema estaría “condenado al fracaso”.
Mientras las autoridades buscan transmitir estabilidad institucional, la comunidad internacional y diversos sectores internos observan con atención un proceso que podría marcar un punto de inflexión en la historia política iraní.








