Washington, 6 abril.- China ha redoblado su estrategia diplomática en medio de la guerra con Irán, presentando junto a Pakistán una propuesta de cinco puntos para poner fin al conflicto, mientras busca apoyo en países del Golfo Pérsico y rechaza el uso de la fuerza para reabrir el estratégico estrecho de Ormuz.
La iniciativa de Beijing llega en un momento de máxima tensión internacional, con Estados Unidos mostrando escaso interés en respaldar estos esfuerzos, lo que evidencia la creciente rivalidad geopolítica entre ambas potencias en la gestión de crisis globales.
Según analistas, la ofensiva diplomática china responde a su intención de proyectarse como un actor clave en la resolución de conflictos internacionales. “Es una oportunidad que China no dejará pasar para demostrar su liderazgo”, señaló Sun Yun, experta del centro de estudios Stimson Center.
No obstante, voces críticas en Washington consideran que la propuesta tiene más valor simbólico que práctico. Danny Russel, exdiplomático estadounidense, calificó la iniciativa como “performativa”, comparándola con el plan de 12 puntos que China presentó sobre la guerra en Ucrania en 2023 y que no tuvo impacto real.
Desde la administración estadounidense, el enfoque hacia la mediación china es, por ahora, de cautela. Funcionarios indicaron que Washington no quiere impulsar el protagonismo internacional de Beijing ni permitirle atribuirse un eventual éxito diplomático en Oriente Medio.
Mientras tanto, China ha desplegado una intensa agenda de contactos internacionales. El ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, ha mantenido conversaciones con representantes de Rusia, Irán, Israel, Francia y varias naciones árabes, en un intento por consolidar consenso en torno a su propuesta.
El plan chino-paquistaní aboga por el fin de las hostilidades y la reapertura del estrecho de Ormuz, un punto crítico por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial y cuya interrupción ha disparado los precios energéticos.
Beijing también se ha opuesto a una propuesta en Naciones Unidas que contempla el uso de la fuerza para garantizar la libre navegación en el estrecho. Según China, este tipo de medidas podría escalar aún más el conflicto y agravar la crisis.
A pesar de su discurso conciliador, expertos sostienen que China también actúa en función de sus propios intereses estratégicos. Aunque ha diversificado sus fuentes energéticas, una guerra prolongada podría afectar su modelo económico basado en exportaciones, debido al encarecimiento de la energía y la ralentización del comercio global.
En paralelo, Beijing ha logrado mantener cierto margen de maniobra al negociar con Teherán el paso de embarcaciones bajo bandera china por el estrecho, lo que le permite mitigar parcialmente el impacto inmediato de la crisis.
Sin embargo, el éxito de esta ofensiva diplomática dependerá en gran medida de la evolución del conflicto y, sobre todo, de la postura que adopte Estados Unidos en los próximos días, en un escenario donde la tensión militar sigue escalando y las soluciones políticas parecen aún lejanas.








