Toronto (Canadá), 29 Mayo.- Canadá está avanzando de forma progresiva en una reestructuración de su política exterior, económica y de defensa, con el objetivo de reducir su histórica dependencia de Estados Unidos y reforzar su autonomía estratégica mediante una mayor aproximación a Europa y nuevos socios internacionales.

El Gobierno del primer ministro Mark Carney, en el poder desde comienzos de 2025, ha impulsado una serie de decisiones que marcan un cambio de rumbo significativo en la política canadiense. Entre ellas destaca la compra de aviones de alerta temprana a Suecia, negociaciones en el sector de defensa con países europeos y asiáticos, y el primer acuerdo de exportación de gas natural licuado (GNL) canadiense hacia Alemania.

El Ejecutivo canadiense ha defendido este giro como una respuesta a la creciente incertidumbre geopolítica y a la necesidad de reforzar la soberanía nacional. “Los días en que nuestras fuerzas armadas gastaban 70 centavos de cada dólar en Estados Unidos se han acabado”, afirmó Carney en una declaración reciente, subrayando el fin de una etapa de fuerte integración militar con Washington.

Bajo el lema político «Elbows up», el Gobierno ha impulsado una estrategia de diversificación económica y militar que busca reducir la exposición de Canadá a posibles tensiones con su principal socio comercial. Este enfoque se ha traducido en negociaciones con la empresa sueca Saab para la adquisición de sistemas de vigilancia aérea GlobalEye, así como en la revisión del programa de compra de cazas estadounidenses F-35, lo que abre la puerta a alternativas europeas como el Gripen.

En paralelo, Ottawa estudia nuevas opciones para su flota de submarinos en colaboración con consorcios europeos y asiáticos, en un proceso que refleja una mayor apertura hacia la industria de defensa internacional fuera de Estados Unidos.

Carney ha insistido en que el país debe “afirmar su soberanía” y evitar dependencias críticas en sectores estratégicos. En sus intervenciones públicas, ha señalado que la integración económica con Estados Unidos durante décadas ha generado tanto beneficios como vulnerabilidades estructurales.

El cambio de enfoque también se extiende al ámbito comercial. Estados Unidos sigue siendo el principal socio de Canadá, absorbiendo alrededor del 75 % de sus exportaciones, pero el Gobierno busca reducir progresivamente esa concentración mediante acuerdos con Europa y países del Indo-Pacífico.

En este contexto, el viaje del primer ministro a China y posteriormente a India marca una expansión de la diplomacia económica canadiense, mientras Europa emerge como uno de los principales destinos prioritarios para la diversificación energética y de defensa.

A pesar del giro estratégico, el Gobierno canadiense ha evitado plantear una ruptura con Washington, al que considera un socio indispensable en materia de seguridad continental, comercio y energía. Sin embargo, la nueva política exterior apunta claramente a una mayor autonomía en la toma de decisiones y a una redefinición del equilibrio en la relación bilateral.

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