Toronto, 8 de febrero.— Tras más de una década de promesas incumplidas, litigios, sobrecostos millonarios y falta de transparencia, la línea LRT Eglinton Crosstown comenzó a operar este domingo en Toronto bajo un esquema de apertura gradual y sin celebraciones oficiales, reflejo del clima de cautela —y desconfianza— que rodea a uno de los proyectos de infraestructura más problemáticos en la historia reciente de la ciudad.
La Comisión de Tránsito de Toronto (TTC) evitó cualquier acto inaugural, paseo simbólico o evento conmemorativo. No hubo cintas cortadas ni discursos triunfalistas. Por el contrario, la agencia llegó incluso a emitir mensajes públicos invitando a los usuarios a expresar su frustración ante el nuevo servicio, una señal poco habitual que evidencia las dudas internas sobre la fiabilidad del sistema.
“Queremos asegurarnos de que el rendimiento esté a la altura de las expectativas del operador, del integrador de sistemas y del propietario de los activos”, declaró días antes el director ejecutivo de la TTC, Mandeep Lali, dejando claro que la apertura completa aún depende de pruebas adicionales.
Entusiasmo ciudadano pese al desgaste institucional
A pesar del enfoque prudente de la TTC, el interés ciudadano fue inmediato. Desde la madrugada del domingo, decenas de usuarios hicieron fila para abordar el primer tren, mientras colectivos de entusiastas del transporte improvisaron su propio “lanzamiento” informal.
En la estación Mount Dennis, terminal occidental de la línea, el activista Chris Drew repartió imanes y pines conmemorativos en nombre del grupo CodeRedTO, subrayando que la apertura no era un logro institucional, sino el resultado de 15 años de presión ciudadana.
“Esto es el punto culminante de una lucha larguísima. Ha costado demasiado llegar hasta aquí”, afirmó Drew, en declaraciones a Global News.
Negocios locales también se sumaron a la jornada. En la misma estación, empleados del café Supercoffee ofrecieron bebidas calientes gratuitas para celebrar la llegada del tren en medio de temperaturas bajo cero, un gesto comunitario que contrastó con la frialdad institucional del proyecto.
Un proyecto marcado por retrasos y opacidad
El Eglinton Crosstown LRT, ahora conocido como Línea 5, fue propuesto originalmente en 2007 por el entonces alcalde David Miller como parte del ambicioso plan Transit City. Tras ser paralizado brevemente durante la gestión de Rob Ford, el proyecto inició su construcción en noviembre de 2011.
Desde entonces, la obra quedó atrapada en una cadena de retrasos crónicos, conflictos legales y sobrecostos gestionados por Metrolinx, la agencia provincial de transporte, en asociación con un consorcio privado bajo un modelo de alianza público-privada que ha sido duramente cuestionado.
Para 2023, Metrolinx dejó de ofrecer fechas de apertura concretas y se limitó a prometer un aviso con tres meses de antelación, compromiso que tampoco cumplió. Finalmente, en diciembre de 2025, la agencia provincial declaró el proyecto “completo” y transfirió la línea a la TTC para su operación.
Apertura bajo reservas técnicas
Hasta días antes del inicio del servicio, la TTC evitó confirmar públicamente la fecha. Lali expresó reiteradamente su preocupación por activaciones inexplicables de los frenos de emergencia, lo que alimentó las dudas sobre la preparación real del sistema.
Solo tras recibir explicaciones técnicas consideradas “satisfactorias”, la TTC dio luz verde a la apertura del 8 de febrero, aunque bajo condiciones limitadas: velocidad reducida, horarios acotados y cierre diario a las 11 de la noche.
La línea operará desde las 5:30 a. m. entre semana y desde las 7:30 a. m. los fines de semana, en lo que la propia agencia describe como una fase casi experimental.
Críticas políticas y llamado a “celebrar”
El primer ministro de Ontario, Doug Ford, reaccionó con molestia ante las preguntas de la prensa sobre los años de retraso y acusó a los medios de “negatividad”, instando a la población a centrarse únicamente en el hecho de que la línea finalmente abrió.
“Llevamos años con las mismas preguntas. Celebremos una nueva línea”, dijo.
Sin embargo, para muchos usuarios y analistas, la apertura del Crosstown no borra una realidad incómoda: quince años para completar una línea de tránsito urbano evidencian fallas profundas en la planificación, supervisión y rendición de cuentas de las autoridades provinciales y municipales.
La Línea 5 Eglinton Crosstown ya está en funcionamiento, pero su historia deja una advertencia clara sobre los costos políticos, económicos y sociales de una gestión pública deficiente en proyectos estratégicos de infraestructura.








