Caracas, 28 dic.- El vínculo entre el régimen de Nicolás Maduro y Irán trasciende los buques petroleros fantasmas, consolidándose en una red paramilitar y de inteligencia que opera directamente en suelo venezolano, según documentos y fuentes obtenidas por Infobae.
La estructura está liderada por Ahmad Asadzadeh Goljahi, responsable de la Fuerza Quds en Venezuela y del Departamento 11000, dirigido globalmente por Sardar Ammar, señalado por Israel como autor de complots terroristas en Australia, Grecia y Alemania. Este departamento tiene historial internacional, incluyendo intentos de asesinato como el frustrado contra la embajadora israelí en México el pasado 7 de noviembre, obra del agente iraní Hasan Izadi.
Asadzadeh también participa en el Departamento 840, responsable de operaciones de asesinato en el exterior. En 2021, tuvo la misión de reunir agentes para vengar la muerte de Qassem Soleimani, con órdenes de capturar, interrogar, torturar y asesinar a los responsables del ataque que acabó con la vida del comandante iraní en Bagdad en enero de 2020.
Otro actor clave es Mostafa Shanghaghi, agente de la Fuerza Quds con cobertura diplomática en la Embajada de Irán en Caracas, quien ha sido visto junto a Maduro en actos públicos, incluyendo homenajes al ex presidente iraní Ebrahim Raisi. Shanghaghi realiza constantes viajes entre Caracas y Teherán acompañado de otros miembros de la Fuerza Quds, incluyendo a Hooman Ahmadi, Ahmad Behzadifar, Vahid Rezaei, Mehrdad Jafari, Ali Jarganitilaki, Mohammadreza Sarkhosh, Mahmoud Shaker y Ebrahim Shariatzadeh, presuntamente vinculados al Ministerio de Defensa iraní.
Asimismo, Hadi Gaeini trabaja en Venezuela como responsable de Islamic Republic of Iran Broadcasting (IRIB) y ha servido de nexo con grupos como Hezbollah, Hamas y milicias iraquíes.
Este apoyo de Irán a Venezuela tiene raíces históricas en la era de Hugo Chávez, quien buscó aliados para contrarrestar a Estados Unidos e Israel en la región, facilitando la entrada de agentes de la Guardia Revolucionaria Islámica y fortaleciendo la presencia de Hezbollah en América Latina. Caracas proporcionó logística, documentación y recursos estratégicos para sostener la red internacional iraní.
Sin embargo, el alcance de la ayuda iraní es limitado. La distancia de 11.300 km entre Teherán y Caracas y la vulnerabilidad de sus defensas, evidenciada en bombardeos israelíes recientes que destruyeron radares y sistemas antimisiles en Irán, reducen la capacidad de asistencia efectiva en caso de conflictos en el Caribe. La cooperación es, principalmente, simbólica y estratégica, más que operativa.








