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Carney y Trump abordan el comercio de vehículos eléctricos chinos durante la cumbre del G7

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Évian-les-Bains (Francia), 16 de junio.- Una conversación informal entre el primer ministro de Canadá, Mark Carney, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue captada por un micrófono abierto durante la cumbre del G7 en Francia, revelando detalles sobre el reciente acuerdo alcanzado entre Canadá y China para permitir la entrada limitada de vehículos eléctricos chinos al mercado canadiense con aranceles reducidos.

Las imágenes muestran a Carney inclinándose hacia Trump durante un almuerzo de trabajo con los líderes del G7. En la grabación se escucha al mandatario canadiense explicar que el acuerdo contempla la importación de hasta 49.000 vehículos eléctricos chinos al año, una cifra que representa menos del tres por ciento del mercado automotriz canadiense.

“Hemos puesto un límite, una línea dura”, comentó Carney mientras hacía un gesto con la mano para ilustrar el tope establecido. Posteriormente añadió: “Pensé que eso te gustaría”.

Trump respondió de manera breve y favorable: “Está bien. Me gusta”.

Un acuerdo que genera controversia

La conversación se produce en un contexto de creciente tensión comercial respecto a los vehículos eléctricos fabricados en China. Mientras Estados Unidos mantiene un arancel del 100 % sobre estos automóviles para proteger a su industria nacional, Canadá había adoptado una medida similar en 2024.

Sin embargo, Ottawa alcanzó recientemente un acuerdo con Pekín que permite la entrada de un número limitado de vehículos eléctricos chinos con un arancel reducido del 6,1 %, en paralelo a una flexibilización de algunos gravámenes chinos sobre productos agrícolas canadienses, especialmente la canola.

El ministro canadiense de Comercio entre Canadá y Estados Unidos, Dominic LeBlanc, restó importancia a la conversación captada por los micrófonos y afirmó que las explicaciones ofrecidas por Carney a Trump no contenían información nueva.

“No debería sorprender a nadie que el primer ministro aprovechara esta oportunidad para hablar de una situación conocida desde hace meses”, declaró LeBlanc ante la prensa.

Críticas de la industria automotriz

La decisión del Gobierno canadiense ha generado preocupación entre los principales fabricantes de automóviles del país.

Las compañías Ford Motor Company, General Motors y Stellantis emitieron una declaración conjunta en la que advirtieron que la medida podría debilitar la industria automotriz nacional y aumentar los riesgos asociados a la ciberseguridad.

Por su parte, Brian Kingston, presidente de la Asociación Canadiense de Fabricantes de Vehículos, afirmó que China no respeta plenamente las normas internacionales de comercio e inversión que han sustentado históricamente el éxito de la industria automotriz canadiense.

Las críticas también han llegado desde Washington. En febrero, el secretario de Transporte estadounidense, Sean Duffy, advirtió que Canadá podría arrepentirse de abrir parcialmente su mercado a los fabricantes chinos.

El comercio, tema clave en el G7

Aunque la cumbre del G7 ha estado marcada principalmente por los conflictos internacionales y la situación geopolítica en Oriente Medio y Ucrania, Canadá continúa intentando avanzar en las negociaciones comerciales con Estados Unidos.

Antes de la reunión de líderes, LeBlanc sostuvo encuentros con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, acompañado por la principal negociadora canadiense, Janice Charette.

Según fuentes diplomáticas, Ottawa también ha solicitado una reunión bilateral formal entre Carney y Trump, aunque hasta el momento no se ha confirmado ninguna cita oficial dentro del marco del G7.

La embajadora canadiense en Francia, Nathalie Drouin, aseguró que ambos líderes mantienen un diálogo constante y que continúan comunicándose de forma regular.

La renovación del T-MEC en el horizonte

La conversación entre ambos mandatarios se produce además en vísperas de una fecha importante para el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

A partir del 1 de julio comenzará formalmente el período de revisión y renovación del acuerdo comercial norteamericano, que ofrece a los tres países la posibilidad de extender su vigencia por otros 16 años.

Carney señaló recientemente que la administración estadounidense ha transmitido a Ottawa que no desea realizar modificaciones estructurales profundas que obliguen a someter nuevamente el tratado a la aprobación del Congreso de Estados Unidos.

“Estados Unidos ha dejado claro que no quiere acudir al Congreso para cambiar la arquitectura fundamental del acuerdo”, afirmó el primer ministro canadiense durante una visita a Irlanda previa a la cumbre.

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