DUBÁI, 15 mayo.— La seguridad marítima en el estrecho de Ormuz volvió a quedar bajo máxima tensión este jueves tras registrarse la incautación de un buque frente a la costa de Emiratos Árabes Unidos y el hundimiento de un carguero cerca de Omán, en una cadena de incidentes que incrementa la presión en una de las rutas energéticas más sensibles del mundo.

Según informaron autoridades marítimas y fuentes de seguridad, una embarcación fue interceptada mientras se encontraba anclada a unos 70 kilómetros del puerto emiratí de Fujairah y posteriormente trasladada hacia aguas iraníes. En paralelo, un buque de carga con bandera india se hundió tras sufrir un ataque e incendio cuando navegaba en dirección a un puerto de los Emiratos.

Las autoridades no han atribuido oficialmente la autoría de los incidentes, aunque ambos sucesos se producen en un contexto de creciente confrontación verbal y militar en la región, especialmente entre Irán y Estados Unidos.

La agencia británica de Operaciones de Comercio Marítimo (UKMTO) confirmó que recibió reportes sobre la toma de un buque por personal no autorizado, mientras que el ejército del Reino Unido indicó que la embarcación se dirigía hacia aguas iraníes. Por su parte, India calificó el ataque al carguero como “inaceptable” y confirmó el rescate de sus 14 tripulantes por la guardia costera de Omán.

El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, ha sido durante años un punto crítico de fricción geopolítica. La actual escalada coincide con nuevas tensiones diplomáticas entre Washington y Teherán, en medio de negociaciones intermitentes sobre seguridad regional y programas estratégicos.

Mientras tanto, autoridades iraníes reiteraron su postura de que tienen derecho a controlar el tráfico marítimo en la zona y a incautar buques vinculados a Estados Unidos, argumentando violaciones previas a las leyes marítimas internacionales.

La situación se produce además en un momento de intensa actividad diplomática global, con Washington y Pekín discutiendo también la estabilidad del flujo energético internacional. La Casa Blanca ha insistido en que el estrecho debe permanecer abierto al comercio global, mientras el Pentágono asegura contar con capacidad militar para garantizar su funcionamiento si fuera necesario.

El aumento de incidentes en la zona ha elevado la preocupación en los mercados energéticos internacionales, donde cualquier interrupción en Ormuz suele traducirse en volatilidad inmediata de los precios del petróleo y mayores costos de seguros marítimos.

En medio de acusaciones cruzadas y operaciones navales en aumento, la región vuelve a situarse como uno de los principales focos de riesgo geopolítico global, con implicaciones directas para el suministro energético mundial.

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