LONDRES, 14 MAYO.— La presión sobre el primer ministro británico, Keir Starmer, escaló este jueves hasta convertirse en una abierta rebelión dentro del Partido Laborista, después de la dimisión del secretario de Salud, Wes Streeting, y las crecientes maniobras internas para preparar una posible contienda por el liderazgo.
Streeting se convirtió en el primer ministro de alto rango en abandonar el gabinete de Starmer, en un movimiento interpretado como el inicio de un desafío directo al liderazgo del primer ministro tras los malos resultados del laborismo en las recientes elecciones locales y regionales.
“Queda claro ahora que usted no liderará al Partido Laborista en las próximas elecciones generales”, escribió Streeting en una carta dirigida a Starmer. El exministro añadió que el partido necesita abrir un debate amplio sobre el futuro del laborismo y defendió una discusión “de ideas y no de personalidades”.
La salida de Streeting representa el golpe más duro hasta ahora contra Starmer desde que asumió el poder hace menos de dos años tras una contundente victoria electoral.
Angela Rayner se posiciona para una eventual carrera
En paralelo, la ex viceprimera ministra Angela Rayner anunció que resolvió las investigaciones fiscales que la llevaron a abandonar el gabinete el pasado septiembre y dejó abierta la puerta a participar en una eventual elección interna.
Rayner afirmó que Starmer debería “reflexionar” sobre su continuidad y señaló que está preparada para “desempeñar su papel” si el partido entra en una batalla por el liderazgo.
Aunque evitó exigir públicamente la renuncia inmediata del primer ministro, reconoció que el Partido Laborista “ha recibido una paliza severa del electorado” y que el partido necesita cambios urgentes para recuperar la confianza de los votantes.
Crisis económica y descontento interno
La rebelión interna llega en medio de una economía británica todavía golpeada por la inflación y el alto costo de vida, factores que han erosionado rápidamente la popularidad del gobierno laborista.
Starmer enfrenta críticas crecientes por no haber cumplido las promesas económicas realizadas durante la campaña electoral, especialmente en materia de crecimiento económico y mejora del nivel de vida de la clase trabajadora.
Aun así, el primer ministro ha rechazado dimitir y advirtió que una guerra interna por el liderazgo podría sumir al país en el “caos” en un momento de gran tensión internacional y dificultades económicas.
En un intento por reforzar su posición, Starmer destacó este jueves los datos positivos del crecimiento económico británico, después de que la Oficina Nacional de Estadísticas informara que el producto interno bruto creció un 0,6 % durante el primer trimestre del año.
La ministra del Tesoro, Rachel Reeves, aseguró que las cifras reflejan que las políticas económicas del gobierno “están funcionando” y defendió la estabilidad económica impulsada por el Ejecutivo.
Posibles sucesores y lucha por el control del partido
Además de Streeting y Rayner, otros nombres comienzan a sonar dentro del laborismo como posibles aspirantes al liderazgo.
Entre ellos destaca Andy Burnham, quien ha sido mencionado como posible candidato pese a no formar actualmente parte del Parlamento británico.
Según las reglas internas del Partido Laborista, cualquier candidato que aspire a desafiar al líder debe reunir el respaldo de al menos 81 diputados laboristas en la Cámara de los Comunes.
Diversos legisladores del partido han comenzado ya a pedir públicamente la salida de Starmer, profundizando la crisis política dentro del gobierno británico.








