CARACAS, 14 Mayo.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a provocar polémica esta semana al insistir en su idea de convertir a Venezuela en el “estado 51” estadounidense, una propuesta que esta vez encontró una respuesta mucho más moderada por parte del gobierno venezolano encabezado por Delcy Rodríguez.
La declaración más reciente del mandatario republicano llegó el martes a través de su red Truth Social, donde compartió un mapa de Venezuela cubierto con la bandera de Estados Unidos y acompañado únicamente por la frase “Estado 51”.
A diferencia de episodios anteriores, cuando el chavismo respondía con manifestaciones masivas y discursos antiestadounidenses, el Ejecutivo venezolano optó esta vez por el silencio y la prudencia.
Rodríguez se limitó el lunes a declarar ante periodistas que Venezuela “seguirá defendiendo su integridad, soberanía e independencia”, aunque evitó utilizar el tono confrontacional que caracterizó durante años al movimiento chavista frente a Washington.
“Venezuela no es una colonia, sino un país libre”, afirmó la mandataria interina, luego de que Trump asegurara que estaba “considerando seriamente” incorporar al país sudamericano como parte de Estados Unidos.
Analistas consideran que la cautela del gobierno venezolano refleja el delicado equilibrio político y económico que enfrenta Caracas tras el operativo militar estadounidense realizado en enero, que culminó con la captura del entonces presidente Nicolás Maduro.
Desde entonces, la administración Trump ha impulsado un plan de estabilización y transición política en Venezuela y ha comenzado a trabajar directamente con Rodríguez, apartándose del respaldo tradicional a sectores opositores.
El investigador Christopher Sabatini, del centro de estudios Chatham House, afirmó que el chavismo prioriza actualmente la supervivencia política y económica antes que el enfrentamiento ideológico con Washington.
“Es mejor que se muerdan la lengua y no ofendan a Estados Unidos ahora mismo”, señaló el analista.
En los últimos meses, Rodríguez ha encabezado negociaciones con la Casa Blanca para reactivar la economía venezolana, abrir el sector petrolero a inversiones extranjeras y reducir parcialmente las sanciones internacionales.
Washington incluso levantó algunas restricciones personales contra la dirigente venezolana y comenzó a reconocerla oficialmente como la autoridad legítima del país.
Mientras tanto, Maduro y su esposa, Cilia Flores, permanecen detenidos en Nueva York enfrentando cargos por narcotráfico tras ser capturados el pasado 3 de enero.
En Caracas, la reacción ciudadana ha sido dividida. Algunos venezolanos consideran que la respuesta moderada del gobierno representa una cesión frente a Trump, mientras otros creen que Rodríguez intenta evitar un nuevo choque directo con Washington en medio de la grave crisis económica que atraviesa el país.
“Nos estamos doblando estratégicamente, pero no nos vamos a quebrar”, expresó Jorge Navas, dirigente de colectivos chavistas en Caracas, quien calificó las declaraciones de Trump como “actos irresponsables de provocación”.
Las protestas antiestadounidenses que marcaron los primeros días posteriores a la captura de Maduro desaparecieron casi por completo, en contraste con las movilizaciones donde simpatizantes oficialistas quemaban banderas estadounidenses y coreaban consignas contra Washington.
La nueva postura del chavismo evidencia el profundo cambio político que atraviesa Venezuela tras la salida de Maduro y el acercamiento entre Caracas y la administración Trump.







