La Habana, 7 de enero.- Según todos los indicios, Cuba vive el peor momento económico desde el triunfo de la revolución comunista en 1959, con un colapso sin precedentes de su red de seguridad social, una crisis energética crónica, escasez generalizada de alimentos y medicinas, y un éxodo masivo que está vaciando el país a una velocidad histórica.

Aunque la isla ha atravesado en décadas anteriores episodios de migración masiva, racionamiento severo y malestar social —especialmente durante el llamado Período Especial tras la caída de la Unión Soviética—, expertos y ciudadanos coinciden en que nunca antes la situación había sido tan crítica y extendida.

“Yo nací aquí, vivo aquí y te lo digo: nunca ha estado tan mal como ahora, porque se han juntado muchos factores”, afirmó el economista cubano Omar Everleny Pérez, de 64 años, desde La Habana. “La economía nacional está en caída libre”.

La crisis se agrava en un contexto internacional adverso para La Habana. Mientras la administración de Donald Trump celebra la captura de Nicolás Maduro y el control estadounidense sobre la industria petrolera venezolana, Cuba pierde a uno de sus principales sostenes energéticos. Durante el gobierno de Hugo Chávez, la isla recibía hasta 90.000 barriles diarios de petróleo; en el último trimestre de 2025 esa cifra cayó a 35.000 barriles, intensificando los apagones masivos.

Desde barrios como La Habana Vieja, la decadencia es visible. Odalis Reyes, costurera de 56 años, observa desde su casa el casco oxidado de una antigua central eléctrica hoy inutilizada. “Pasamos 14 o 15 horas sin electricidad. Eso te aterra, porque la comida se echa a perder. Ya ni siquiera sabemos cómo vamos a sobrevivir”, lamenta. “Somos como robots humanos”.

Los apagones, que en las provincias pueden extenderse hasta 20 horas diarias, han paralizado industrias clave como la producción de níquel, cerrado fábricas y afectado gravemente al turismo, uno de los principales generadores de divisas. Antes de la pandemia, Cuba recibía cuatro millones de turistas al año; hoy la cifra apenas supera los dos millones.

El sistema de racionamiento estatal, emblema histórico del régimen, está prácticamente colapsado. Las libretas ya no garantizan alimentos básicos y, en muchos casos, las tiendas oficiales simplemente no tienen productos. Para comprar gasolina, los ciudadanos deben solicitar turnos mediante una aplicación con semanas o meses de espera, mientras la acumulación de basura por falta de combustible ha favorecido brotes de dengue y chikunguña.

La escasez de medicamentos es crítica. Sin familiares en el extranjero que envíen ayuda, acceder a fármacos básicos es casi imposible. “Mi esposa tuvo una cesárea y tuvimos que llevar nuestro propio catéter al hospital”, relata Yoan Nazabal, camarero y taxista de 32 años. “Nuestros médicos son excelentes, pero no tienen recursos para trabajar”.

El presidente Miguel Díaz-Canel ha reconocido públicamente la gravedad de la situación. El PIB cayó más de un 4 %, la inflación se disparó y el abastecimiento racionado no se está cumpliendo. Aunque el Gobierno insiste en culpar al embargo estadounidense, expertos subrayan que la mala planificación, la ineficiencia estatal y la falta de reformas reales han sido determinantes.

Paradójicamente, incluso dentro del Parlamento comienzan a escucharse críticas inusuales. El diputado Emilio Interián Rodríguez admitió que las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs) privadas están funcionando mejor que muchas empresas estatales. Legalizadas en 2021, estas iniciativas han permitido cierto abastecimiento, pero a precios prohibitivos: una pensión media es de 3.000 pesos (menos de 7 dólares), mientras una caja de huevos cuesta 3.600 pesos.

“Hay comida, pero nadie con salario en pesos puede comprarla”, resume Everleny Pérez. Según estimaciones, un tercio de los cubanos vive en la pobreza, especialmente jubilados sin acceso a remesas.

La consecuencia más dramática es el éxodo masivo. Desde 2020, 2,75 millones de cubanos han abandonado el país, una cifra devastadora para una población real estimada en 8,25 millones de habitantes, muy por debajo de los datos oficiales.

Mientras algunos ciudadanos ya cocinan con leña por la falta de energía y el país produce 25 % menos electricidad que en 2019, los analistas coinciden en un diagnóstico contundente: la economía cubana se encuentra en su punto más bajo en más de seis décadas, con un modelo agotado y una población al límite de la resistencia.

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