Toronto, 10 sep.- Las empresas canadienses que exportan a Estados Unidos siguen enfrentando impuestos y aranceles inesperados a pesar de cumplir con los requisitos del Tratado entre Canadá, Estados Unidos y México (T-MEC), generando confusión y pérdidas económicas significativas.

Patrick Fulop, propietario de Grappling Smarty, una empresa de Quebec que vende maniquíes de lucha para MMA, explicó a CBC News que el 75% de sus ventas se destina a clientes estadounidenses, pero los aranceles aplicados por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. son inconsistentes y arbitrarios. Algunas facturas mostraban impuestos de $66, mientras otras alcanzaban $555 por el mismo producto de $250, representando entre 100% y 200% del valor del artículo.

La confusión se debe a la coexistencia de múltiples tasas arancelarias, incluidos derechos específicos por país, tasas de la Sección 232 y tarifas recíprocas, que en algunos casos se suman unas sobre otras. Las empresas de transporte como UPS actúan como intermediarios y cobran los aranceles, pero la falta de claridad sobre qué tasas se aplican genera incertidumbre y costos adicionales.

Expertos en comercio, como Scott Lincicome, del Instituto Cato, aseguran que el sistema se ha vuelto “capa sobre capa de burocracia”, complicado y cambiante, dificultando que los exportadores cumplan correctamente con los requisitos. Por su parte, el abogado Mark Warner advierte que las empresas que incumplan el T-MEC enfrentan fuertes sanciones legales, lo que aumenta el riesgo para exportadores y transportistas.

Para cumplir con los costos, Fulop ha decidido duplicar el precio de sus productos para cubrir futuros pedidos y está reforzando su estrategia de marketing nacional y explorando otros mercados. Sin embargo, lamenta que el cumplimiento del T-MEC, por el que trabajó intensamente, actualmente parece no tener valor, afectando la confianza en el tratado y las relaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos.

El caso de Grappling Smarty ilustra cómo las pequeñas y medianas empresas canadienses aún enfrentan barreras significativas para acceder al mercado estadounidense, pese a los acuerdos comerciales diseñados para facilitar el comercio.

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