Washington, 21 Julio.- Un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos sostiene que la revolución cubana ha mantenido durante más de seis décadas una estrategia de influencia política, ideológica y de inteligencia dirigida a debilitar los intereses estadounidenses, mediante redes de espionaje, apoyo a movimientos revolucionarios y vínculos con organizaciones afines dentro y fuera del país.
El documento examina la evolución de las operaciones impulsadas desde La Habana desde el triunfo de la revolución en 1959, señalando que la estrategia cubana trascendió el espionaje tradicional para incorporar acciones de influencia política, académica, social y cultural.
Según el análisis, el Gobierno cubano promovió durante décadas la formación de redes de simpatizantes, activistas e intelectuales en Estados Unidos con el objetivo de expandir el ideario revolucionario y fortalecer movimientos contrarios a la política exterior estadounidense.
El informe sostiene que, durante la Guerra Fría, Cuba se convirtió en un centro de apoyo para grupos insurgentes y organizaciones revolucionarias en América Latina, además de brindar refugio a personas buscadas por la justicia estadounidense vinculadas con organizaciones armadas.
Asimismo, identifica diversos casos de espionaje atribuidos a la inteligencia cubana, entre ellos los de Ana Belén Montes, exanalista del Departamento de Defensa condenada por espionaje, y Víctor Manuel Rocha, exembajador estadounidense que admitió haber actuado durante años como agente al servicio de Cuba.
El documento también afirma que La Habana impulsó programas de intercambio, brigadas internacionales y actividades de formación política que atrajeron a miles de jóvenes estadounidenses durante las décadas de 1960 y 1970, fortaleciendo vínculos con sectores de la izquierda internacional.
De acuerdo con el informe, la influencia cubana se extendió posteriormente a través de alianzas con gobiernos y organizaciones de América Latina, especialmente durante la consolidación del chavismo en Venezuela, así como mediante relaciones con países como Rusia, China e Irán.
El análisis sostiene además que la isla continúa desarrollando estrategias de influencia política e inteligencia adaptadas al contexto internacional actual, pese a las limitaciones económicas que enfrenta el país.
El documento concluye que el principal activo de Cuba no ha sido su capacidad militar, sino su influencia ideológica y su habilidad para establecer redes de cooperación política y de inteligencia que, según Washington, siguen representando un desafío para los intereses de Estados Unidos.
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