Lima, 4 de junio.- Perú elegirá este domingo a su próximo presidente en una segunda vuelta marcada por la polarización entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez, en un contexto de profunda inestabilidad institucional que ha impedido a los últimos gobiernos completar su mandato.
El país sudamericano llega a esta cita electoral tras casi una década de crisis política continua, en la que la confrontación entre el Ejecutivo y un Congreso fragmentado ha provocado la salida o renuncia de hasta ocho presidentes desde 2018, en medio de escándalos de corrupción y una creciente inseguridad ciudadana.
Un país marcado por la inestabilidad
En la primera vuelta del 12 de abril, ambos candidatos lograron avanzar al balotaje con una votación conjunta inferior al 30 %, mientras que más de dos tercios del electorado se repartió entre otras opciones políticas, según cifras oficiales.
De cara a la segunda vuelta, las encuestas muestran un escenario prácticamente empatado, con un elevado porcentaje de indecisos que podría resultar determinante. Analistas advierten que el voto en blanco o nulo podría ser clave en un proceso sin un favorito claro.
“Este alto porcentaje de gente indecisa va a decidir por quien considere el menos malo. No hay un panorama definido para ninguno”, señaló la analista Urpi Torrado, de Datum Internacional.
Seguridad, corrupción y desconfianza política
La campaña ha estado dominada por el debate sobre la inseguridad, en un país golpeado por el avance del crimen organizado y la percepción de deterioro institucional. Fujimori ha centrado su discurso en la mano dura contra la delincuencia, evocando el legado de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, una figura aún polarizadora en la política peruana.
Por su parte, Roberto Sánchez, vinculado políticamente al expresidente Pedro Castillo, ha moderado su discurso económico en las últimas semanas para atraer a votantes de centro y reducir la preocupación de los mercados.
Ambos candidatos llegan a la segunda vuelta en un escenario de alta fragmentación política y desconfianza ciudadana hacia las instituciones, en un país donde la figura presidencial ha perdido peso tras años de crisis sucesivas.
Un sistema político bajo presión
El Congreso peruano ha sido protagonista de la inestabilidad reciente, con mecanismos constitucionales que han permitido destituciones presidenciales bajo la figura de “incapacidad moral”. Actualmente, varios expresidentes enfrentan procesos judiciales o condenas por corrupción, mientras otros han sido encarcelados o destituidos.
El politólogo Jeffrey Radzinsky resume el clima político con una idea contundente: “En el imaginario colectivo, la figura del presidente ha perdido peso”.
Según encuestas recientes, casi la mitad de los peruanos cree que el próximo mandatario tampoco logrará completar su mandato de cinco años.
Un país en busca de estabilidad
Perú, tercer productor mundial de cobre y con una economía que se mantiene relativamente estable pese al contexto político, se enfrenta ahora a una elección que podría definir el rumbo institucional del país en los próximos años.
El resultado, además, podría ser objeto de controversia si la diferencia entre candidatos es mínima, lo que abre la posibilidad de tensiones sociales similares a las registradas tras elecciones anteriores.
Un total de 27,3 millones de ciudadanos están habilitados para votar en una jornada que se extenderá entre las 07:00 y las 17:00 hora local, en un país que sigue buscando una salida a su prolongada crisis política.







