Pekín, 4 de junio de 2026. Treinta y siete años después de la represión militar en la Plaza de Tiananmen, las demandas de verdad, justicia y rendición de cuentas volvieron a resonar este jueves desde distintos puntos del mundo, mientras el Gobierno chino mantiene intacta su postura oficial y continúa censurando cualquier referencia pública a uno de los episodios más sensibles de su historia contemporánea.
Las conocidas Madres de Tiananmen, organización integrada por familiares de las víctimas de la represión de 1989, reclamaron nuevamente a las autoridades de Pekín que revelen el número real de fallecidos, heridos y desaparecidos durante los acontecimientos ocurridos entre el 3 y el 4 de junio de aquel año.
En un comunicado difundido con motivo del aniversario, el grupo exigió que el Gobierno chino afronte los hechos con transparencia, publique toda la información disponible y asuma responsabilidades ante las familias afectadas y la sociedad.
Organizaciones internacionales denuncian censura y persecución
Diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos también aprovecharon la fecha para denunciar la continua represión de quienes intentan recordar públicamente la masacre.
Human Rights Watch (HRW) y la red Chinese Human Rights Defenders (CHRD) afirmaron que las autoridades chinas siguen persiguiendo activistas, censurando contenidos relacionados con Tiananmen y bloqueando cualquier intento de conmemoración dentro del país.
Ambas organizaciones subrayaron que, casi cuatro décadas después de los hechos, ningún responsable de la operación militar ha sido investigado o juzgado.
Taiwán pide reconciliación y reconocimiento histórico
Desde Taiwán, el presidente Lai Ching-te instó a las autoridades chinas a reconocer oficialmente lo ocurrido y avanzar hacia un proceso de reconciliación.
El mandatario aseguró que una nación verdaderamente fuerte debe ser capaz de enfrentar los capítulos más dolorosos de su historia y ofrecer respuestas a quienes aún buscan justicia.
Según Lai, el reconocimiento de la verdad histórica permitiría abrir espacios de diálogo y aliviar el sufrimiento de las familias afectadas por la represión.
Pekín insiste en que el asunto está cerrado
Por su parte, el Gobierno chino reiteró que existe una “conclusión clara” sobre los acontecimientos de 1989 y rechazó cualquier cuestionamiento internacional.
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Mao Ning, acusó a Estados Unidos de distorsionar los hechos históricos e interferir en asuntos internos de China tras las declaraciones realizadas por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
Rubio afirmó el miércoles que ningún esfuerzo podrá borrar la historia y aseguró que quienes defendieron pacíficamente la libertad y la democracia en Tiananmen algún día recibirán el reconocimiento que merecen.
Hong Kong bajo estricta vigilancia
En Hong Kong, donde durante décadas se celebraron multitudinarias vigilias con velas en memoria de las víctimas, las autoridades desplegaron un amplio dispositivo de seguridad alrededor del Parque Victoria, tradicional escenario de las conmemoraciones.
Vehículos blindados, patrullas especiales y controles policiales marcaron una jornada en la que cualquier manifestación pública relacionada con Tiananmen fue estrictamente vigilada.
Por cuarto año consecutivo, el espacio fue ocupado por actividades organizadas por grupos afines a Pekín, sustituyendo las tradicionales vigilias que durante años simbolizaron la memoria colectiva sobre los hechos de 1989.
La víspera del aniversario, un artista fue retenido temporalmente por la policía tras intentar colocar una cuerda roja de 6,4 metros de longitud, una referencia simbólica a la fecha del 4 de junio.
Una tragedia sin cifras oficiales
La noche del 3 al 4 de junio de 1989, tropas y tanques del Ejército Popular de Liberación avanzaron hacia la Plaza de Tiananmen y sus alrededores para desalojar las protestas lideradas por estudiantes y trabajadores que reclamaban reformas políticas, mayor apertura democrática y el fin de la corrupción.
Las autoridades chinas nunca han divulgado una cifra oficial de víctimas. Sin embargo, estimaciones de organizaciones internacionales y diversas investigaciones independientes sitúan el número de fallecidos entre varios cientos y varios miles de personas.
Treinta y siete años después, el episodio continúa siendo uno de los mayores tabúes políticos en China, donde la censura impide cualquier debate público sobre lo ocurrido y donde las demandas de las familias de las víctimas siguen encontrando la misma respuesta: silencio oficial.








