Santiago, 25 Mar.- El gobierno de Chile anunció un fuerte incremento en los precios de la gasolina y el diésel, en medio del impacto global de la guerra en Medio Oriente, lo que ya ha provocado largas filas en estaciones de servicio y creciente malestar ciudadano.

Según el Ministerio de Hacienda, el precio de la gasolina subirá de 1,3 a 1,7 dólares por litro, mientras que el diésel también alcanzará los 1,7 dólares desde 1 dólar, en un ajuste que busca “alinear los precios internos con los niveles internacionales”.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, advirtió que el país enfrenta uno de los mayores choques en el mercado energético en décadas. “Estamos ante un escenario de crisis petrolera global y una estrechez fiscal severa. Debemos tomar decisiones difíciles para proteger las finanzas públicas”, afirmó.

El alza se produce tras el incremento del precio del crudo, que ha pasado de 70 a 110 dólares por barril en pocas semanas, impulsado por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, afectando directamente a economías altamente dependientes de las importaciones energéticas como la chilena.

Los nuevos precios comenzarán a regir a partir del jueves, lo que ha generado una reacción inmediata en la población. En varias ciudades, especialmente en Santiago, se han registrado filas de hasta 300 metros de vehículos intentando abastecerse antes de la subida.

Chile depende casi en su totalidad de la importación de petróleo para cubrir su demanda interna, siendo uno de los principales importadores de crudo en América Latina. El 100% de los combustibles consumidos provienen de crudo importado o refinado en el país.

Ante el impacto social del aumento, el gobierno anunció medidas de mitigación como la congelación de tarifas del transporte público y la entrega de un bono mensual para taxis y colectivos, con el objetivo de amortiguar el golpe económico en los sectores más vulnerables.

El sistema de subsidios a los combustibles, conocido como MEPCO, había contenido parcialmente las alzas, pero el Ejecutivo advirtió que mantenerlo en el contexto actual podría costar más de 140 millones de dólares semanales, lo que lo hace insostenible.

El presidente José Antonio Kast, quien asumió recientemente el cargo, ha colocado la reducción del déficit fiscal como una prioridad, tras cerrar 2025 en un 3,6%. En esa línea, ya ordenó recortes en el gasto público como parte de su estrategia económica.

El aumento de los combustibles amenaza con trasladarse rápidamente a los precios del transporte, alimentos y servicios, elevando el riesgo de inflación y de protestas sociales en un país que ya ha experimentado episodios de fuerte descontento en años recientes.

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