Santiago de Chile, 27 feb.- El palacio de La Moneda, en el corazón de Santiago, se prepara para recibir nuevamente a sus habitantes el 11 de marzo, cuando José Antonio Kast se convierta en el primer presidente desde 1958 en usar la sede del Gobierno como residencia presidencial.

“Yo vivo a más de una hora y media de La Moneda. No voy a arrendar una casa especial para generar más gasto al Estado”, afirmó Kast tras su victoria electoral en diciembre pasado.

El último mandatario en residir en La Moneda fue Carlos Ibáñez del Campo (1952-1958). Desde entonces, los presidentes se trasladan a sus propios hogares o alquilan viviendas, como ocurrió con el saliente Gabriel Boric, quien se mudó al barrio Yunguay en 2022.

Mudanza sin grandes obras

Kast, que será el primer mandatario de extrema derecha en llegar al poder en democracia, se mudará junto a su esposa Pía Adriasola y sus nueve hijos. El equipo presidencial ha indicado que no se realizarán grandes cambios en La Moneda, únicamente modificaciones superficiales para adaptarse a la vida familiar.

Según el decano de Arquitectura de la Universidad del Desarrollo (UDD), Pablo Allard, La Moneda dejó de ser residencia presidencial hace casi siete décadas por razones prácticas y funcionales. Sectores del palacio que antes eran privados se transformaron en oficinas y ministerios, y la reconstrucción tras el golpe de Estado de 1973 aceleró su conversión en un edificio administrativo.

Actualmente, el palacio cuenta con cocinas, gimnasio y espacio suficiente para alojar cómodamente a varias personas, y se realizan proyectos de renovación en climatización, iluminación, baños accesibles y salas de lactancia.

Implicaciones para el centro de Santiago

La decisión de Kast coincide con un periodo de recuperación del centro de Santiago, afectado por años de deterioro, criminalidad y huida de negocios, agravados por las protestas de 2019 y la pandemia.

Rodrigo Guendelman, fundador del medio Santiago Adicto, considera que simbólicamente es positivo que un presidente viva en el centro, pero advierte que vetar el acceso a zonas públicas podría tener efectos negativos. Allard subraya que decisiones de este tipo no generan beneficios inmediatos al barrio, recordando que la mudanza de Boric a Yungay no mejoró necesariamente inversión o seguridad.

No obstante, ambos coinciden en que el centro de Santiago mantiene potencial para ser un lugar destacado para trabajar, comprar, entretenerse y vivir, y la llegada de Kast a La Moneda podría ser un impulso simbólico en esa dirección.

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