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Violencia en Jalisco desata dudas sobre el Mundial 2026 en Guadalajara

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GUADALAJARA, México, 25 feb.— Hugo Alejandro Pérez estaba en su casa, a pocos kilómetros del Estadio Akron, cuando comenzaron los disparos y explosiones en su colonia. El recinto está programado para albergar partidos de la próxima Copa Mundial de la FIFA 2026, pero esa noche el estruendo de la violencia eclipsó cualquier entusiasmo futbolero.

Pérez, restaurantero de 53 años, ya veía con escepticismo que Guadalajara fuera sede de un evento de tal magnitud. En su opinión, el gobierno aún enfrenta dificultades para resolver problemas cotidianos —como el abasto irregular de agua en su zona— y mucho menos para contener la violencia del crimen organizado en el estado de Jalisco.

El recrudecimiento de la violencia tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), terminó por confirmar sus temores.

“Yo creo que no se debe hacer el Mundial aquí”, afirmó Pérez. “Hay muchas carencias, y quieren invertir en el Mundial. Con la violencia no es adecuado”.

El gobierno promete garantías

Pese a las inquietudes ciudadanas, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró en su conferencia matutina que existen “todas las garantías” para que los partidos se celebren en Jalisco sin riesgos para aficionados ni delegaciones. Subrayó que el operativo de seguridad está bajo control y que no hay amenaza para el desarrollo del torneo, que México organizará junto con Estados Unidos y Canadá.

El gobernador de Jalisco, Jesús Pablo Lemus, afirmó haber conversado con representantes de la FIFA, quienes —según dijo— no contemplan retirar ninguna sede mexicana. Reiteró que Guadalajara mantiene asignados tanto los partidos de repechaje como los encuentros mundialistas y que la ciudad “recupera poco a poco su normalidad”.

El próximo sábado, añadió, el trofeo del Mundial será presentado oficialmente en el estadio tapatío, en un acto con autoridades locales y federales.

Un contexto de violencia nacional

La muerte de Oseguera Cervantes ocurrió durante un operativo del Ejército mexicano que derivó en una ola de violencia en al menos 20 estados. Bloqueos con vehículos incendiados, ataques a comercios y enfrentamientos armados dejaron un saldo de 70 personas fallecidas, según autoridades.

Jalisco, bastión histórico del CJNG, ha sido escenario de episodios particularmente cruentos en los últimos años, incluida la localización de presuntos campos de exterminio y una grave crisis de personas desaparecidas. En localidades como Aguililla, Michoacán —cuna del capo abatido—, los bloqueos y ataques se extendieron durante días antes de que las fuerzas federales retomaran el control.

La operación se dio en medio de la presión del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha exigido acciones contundentes contra los cárteles mexicanos. La Casa Blanca confirmó que brindó apoyo de inteligencia para ubicar a “El Mencho” y elogió al Ejército mexicano por la operación.

Impacto en el turismo y en los planes mundialistas

Las repercusiones no tardaron en sentirse en el sector turístico. En Puerto Vallarta, también en Jalisco, algunos visitantes extranjeros documentaron en redes sociales los bloqueos y detonaciones, y varios afirmaron que reconsiderarían regresar.

Además, la federación portuguesa de fútbol indicó que sigue “de cerca” la situación en México, previo al amistoso que su selección disputará contra el Tri en el Estadio Azteca, sede prevista para el partido inaugural del Mundial el 11 de junio de 2026.

Guadalajara y Monterrey también albergarán un torneo de repechaje con selecciones de distintas confederaciones, lo que incrementa la atención internacional sobre las condiciones de seguridad.

Temor a nuevas disputas internas

Analistas advierten que la muerte de un líder criminal no necesariamente pacifica la región. Vanda Felbab-Brown, investigadora de la Brookings Institution, considera que si no existe una línea de sucesión clara dentro del CJNG, podrían surgir disputas internas o fragmentaciones que generen nuevos episodios de violencia.

Paradójicamente, la estrategia de abatir capos ha sido cuestionada en el pasado por la propia Sheinbaum, quien ha señalado que tales acciones pueden detonar luchas por el control territorial.

Entre la esperanza y la incertidumbre

Aun así, el martes Guadalajara mostraba señales de recuperación. Comercios reabrieron tras dos días de cierre, el tráfico volvió a colmar avenidas y cuadrillas de trabajadores realizaban mejoras en los alrededores del estadio. La presencia de la Guardia Nacional y policías estatales patrullando las calles fue interpretada por algunos como muestra de control gubernamental.

Mientras tanto, las opiniones ciudadanas permanecen divididas. Juan Carlos Pila, taxista de 55 años, restó dramatismo a los hechos y aseguró que los visitantes serán bienvenidos. En contraste, María Dolores Aguirre, comerciante en Tapalpa, teme que la difusión global de la violencia afecte el flujo turístico del que depende su sustento.

Para Pérez, el restaurantero que abrió su casa para resguardar vecinos durante los enfrentamientos, la discusión es más profunda que la organización de un torneo. Duda que la derrama económica estimada en 3.000 millones de dólares alcance a los barrios trabajadores y considera que la prioridad debería ser garantizar servicios y seguridad básicos antes de apostar por un escaparate internacional.

“Va a estar dificilísimo… no es adecuado que venga gente del extranjero a Jalisco para un evento así”, concluyó.

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