LA HABANA/PANAMÁ/CASTRIES/GEORGETOWN, 16 feb.– La ofensiva de Washington contra La Habana ya no se limita al petróleo ni a las sanciones financieras. En el último año, una decena de países del Caribe y Centroamérica han reducido o cancelado sus contratos para recibir médicos cubanos, tras la presión de Estados Unidos, que denuncia el sistema como una forma de «trabajo forzado».
La medida tiene implicaciones económicas significativas para Cuba. La exportación de servicios profesionales —principalmente sanitarios— ha sido durante años una de las tres principales fuentes de divisas del país, junto con el turismo y las remesas, sectores también golpeados por la política estadounidense.
Según el informe 2024 sobre trata de personas del Departamento de Estado, Cuba ingresó entre 6.000 y 8.000 millones de dólares anuales por la exportación de servicios profesionales. Datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) señalan que entre 2018 y 2020 estas exportaciones representaron más del 40 % de las ventas externas de la isla.
Un modelo polémico
Las brigadas médicas cubanas, creadas hace más de seis décadas, han desplegado a unos 600.000 profesionales en 165 países, según cifras oficiales. El sistema combina beneficios y fuertes críticas.
Para los países receptores, especialmente pequeñas economías caribeñas, los médicos cubanos suponen un refuerzo inmediato a sistemas de salud con escasez estructural de personal. Para los profesionales desplazados, representa ingresos en divisas superiores a los que obtienen en la isla. Para el Estado cubano, constituye una fuente clave de financiación.
Sin embargo, organizaciones como Prisoners Defenders sostienen que el Gobierno cubano retiene hasta un 85 % de los pagos realizados por los países anfitriones, confisca pasaportes y sanciona a quienes abandonan la misión antes de lo acordado.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha calificado el sistema de «esquema de trabajo forzado» con «prácticas laborales abusivas y coercitivas». En consecuencia, anunció la revocación de visados a funcionarios cubanos y extranjeros implicados en estos programas. La Habana rechaza las acusaciones y defiende sus misiones como un modelo de cooperación solidaria.
Caribe bajo presión
Las nuevas sanciones han generado inquietud en el Caribe, donde los sistemas sanitarios dependen en gran medida de la cooperación cubana.
Países como Antigua y Barbuda, Bahamas, Granada, Guyana y Trinidad y Tobago defendieron inicialmente los programas, pero han terminado reajustando o suspendiendo acuerdos.
Bahamas anunció la cancelación de sus convenios y su intención de contratar directamente a los médicos, aunque el plan aún no se ha concretado. Granada equiparó las condiciones laborales de los médicos cubanos a las de los nacionales. Antigua y Barbuda comenzó a reclutar personal sanitario de Ghana. Guyana puso fin discretamente al programa este mes, mientras que Trinidad y Tobago prioriza ahora la formación y contratación local tras haber contado con 770 médicos cubanos desde 2003.
Una fuente de la Organización de Estados Caribeños Orientales (OECS) confirmó que varias islas han suspendido el programa y otras evalúan presentar quejas ante Washington.
Centroamérica y la incógnita venezolana
En Centroamérica, Guatemala anunció que cerrará progresivamente este año su histórica misión médica, que actualmente cuenta con 412 profesionales cubanos. Honduras mantiene a unos 120 médicos, pero el acuerdo expira este año y enfrenta cuestionamientos internos. En Nicaragua la cooperación continúa, aunque sin cifras oficiales actualizadas.
El caso más incierto es Venezuela, tradicional pilar del sistema. Según datos oficiales, en 2025 operaban allí cerca de 13.000 profesionales cubanos, en su mayoría médicos, en un esquema de cooperación que incluía pagos en petróleo. Sin embargo, el nuevo escenario político tras la captura del presidente Nicolás Maduro y la tutela estadounidense sobre Caracas pone en duda la continuidad del acuerdo firmado en 2000.
Impacto estratégico
Más allá de su dimensión sanitaria, las brigadas médicas han sido una herramienta clave de la diplomacia exterior cubana. Su debilitamiento no solo reduce ingresos en divisas en un momento de grave crisis económica en la isla, sino que también limita la proyección internacional de La Habana en su entorno regional.
Mientras Washington endurece su estrategia, los gobiernos caribeños enfrentan un dilema: preservar la cooperación que sostiene sus sistemas de salud o evitar fricciones con Estados Unidos. El desenlace podría redefinir el mapa de la influencia cubana en América Latina y el Caribe.








