KATMANDÚ, 11 sep.- Nepal amaneció este jueves bajo un estricto control militar después de dos días de violentas protestas que dejaron 31 muertos, decenas de heridos y la fuga masiva de más de 15.000 presos en todo el país. El levantamiento, liderado por el movimiento juvenil conocido como “Generación Z”, forzó la caída del Gobierno y ha desencadenado una crisis institucional sin precedentes.
Calles vacías y toque de queda
La calma relativa regresó a la capital gracias al toque de queda nacional impuesto por el Ejército, que desplegó tropas en puntos estratégicos de Katmandú y otras ciudades. El objetivo, según portavoces militares, es “restaurar el orden y evitar nuevos brotes de violencia” tras las jornadas de furia que sacudieron al país.
Los principales mercados, escuelas y oficinas gubernamentales permanecieron cerrados, mientras patrullas armadas controlan accesos a barrios y carreteras. La población, temerosa, ha optado por permanecer en sus hogares a la espera de anuncios políticos.
Fugas masivas en cárceles
Uno de los hechos más alarmantes fue la ruptura total del sistema penitenciario, con la evasión de más de 15.000 reclusos de 25 prisiones durante los asaltos de los manifestantes. Según medios locales, algunos fugitivos se habrían unido a las protestas, mientras otros aprovecharon el caos para huir hacia áreas rurales.
El episodio más grave se registró en el centro juvenil de Banke, donde cinco reclusos murieron baleados por la policía durante un intento de fuga. Las autoridades admiten que recuperar el control de los penales y recapturar a los presos podría tardar semanas.
Crisis política y negociaciones
En paralelo, se abrieron negociaciones para conformar un gobierno interino que devuelva estabilidad institucional. El presidente y los altos mandos militares se reunieron con líderes de la Generación Z, el movimiento que encabezó las protestas, para intentar consensuar un nuevo liderazgo.
Sin embargo, las divisiones internas del grupo juvenil amenazan con estancar el proceso. La candidatura de Sushila Karki, expresidenta del Tribunal Supremo y elegida por votación en línea entre los manifestantes, fue rechazada por varias facciones, que la consideran “inconstitucional”. Estas voces reclaman alternativas que representen mejor las demandas de la revuelta.
Un país en incertidumbre
La comunidad internacional observa con preocupación la situación en Nepal, un país estratégico en la región del Himalaya y fronterizo con India y China. Analistas advierten que la fragilidad institucional y la fuga masiva de presos podrían derivar en un aumento de la violencia y el crimen organizado si no se logra una solución política rápida.
Mientras tanto, las familias de las víctimas lloran a sus muertos, y el país entero aguarda si la crisis dará paso a una transición pacífica o a una nueva espiral de inestabilidad.








