LA HABANA, 4 JUNIO.— En medio de cortes de luz que alcanzan hasta diez horas diarias y un desabastecimiento crónico de gas licuado, los cubanos han recurrido a su tradicional ingenio para enfrentar la peor crisis energética de su historia. Desde hornillas rudimentarias alimentadas por carbón hasta televisores adaptados con baterías de motocicletas, las soluciones improvisadas se han vuelto parte esencial de la rutina diaria en la isla.

Una Vida Cotidiana Transformada

Marylin Álvarez Domínguez, una cosmetóloga de 50 años que vive en el populoso barrio Bahía de La Habana, describe cómo su familia ha tenido que reajustarse: “Tengo que estar corriendo para tener la comida en tiempo”. Anteriormente dependían de una estufa conectada a un tanque de gas licuado, pero desde diciembre, el Estado dejó de distribuirlo. Su esposo, Ángel Rodríguez Hernández, un mecánico automotriz de 56 años, fabricó una rústica hornilla eléctrica. Sin embargo, cuando falla la electricidad, recurren al carbón para cocinar al aire libre.

El problema no solo afecta la preparación de alimentos. Con la escasez de energía, actividades como ver televisión también requieren creatividad. Rodríguez arregló un televisor utilizando una pantalla de laptop rota y una batería de motocicleta. Aunque la carga dura poco, permite a su familia disfrutar de programas como las populares telenovelas cubanas tras el noticiero, momentos clave que pocos hogares se atreven a perder.

Un Sistema Energético en Colapso

La estatal Unión Eléctrica publica diariamente comunicados sobre la demanda y disponibilidad máxima de energía, destacando la enorme brecha entre ambas. La demanda promedio es de unos 3.200 megavatios, mientras que la oferta apenas llega a los 1.600 megavatios. Esto deja entre el 40% y el 50% del país sin electricidad durante las horas pico.

Además de los apagones programados, hay interrupciones imprevistas que complican aún más la vida cotidiana. En los últimos ocho meses, Cuba sufrió cuatro colapsos totales del Sistema Energético Nacional, dejando a toda la isla a oscuras. Estos problemas impactan servicios básicos como el bombeo de agua y la conectividad a internet.

Las altas temperaturas del verano exacerbaron la situación, especialmente en provincias como Guantánamo, donde las autoridades implementaron horarios flexibles en las escuelas para mitigar el sufrimiento de las familias. En otras regiones, las clases fueron suspendidas por completo debido a la falta de electricidad, mientras que muchos centros laborales redujeron sus operaciones.

Reconocimiento Oficial del Problema

Esta semana, el presidente Miguel Díaz-Canel admitió que la crisis energética es el mayor desafío de su gobierno. Según expertos y funcionarios, la causa principal es la falta de inversión. El Estado carece de recursos para adquirir petróleo o repuestos necesarios para reparar sus antiguas centrales termoeléctricas, una situación empeorada por las sanciones estadounidenses que dificultan el acceso a financiamiento internacional.

El gobierno anunció planes ambiciosos, incluyendo la construcción de 51 parques solares para 2026 y la reparación de generadores con ayuda de China y Rusia. También continuará contratando plantas flotantes generadoras. Sin embargo, especialistas como Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas en Austin, cuestionan si estas medidas serán suficientes. “Ni una buena telenovela mexicana te puede pintar una peor situación”, afirmó Piñón.

Alternativas y Adaptaciones

Ante la falta de soluciones inmediatas, algunos cubanos han optado por invertir en tecnologías alternativas. Natividad Hernández, una jubilada de 61 años que arrienda habitaciones en su casa, invirtió en paneles solares. Aunque su presupuesto no le permitió comprar baterías, considera esta inversión «una gran solución». Otras familias con mayores recursos han adquirido ventiladores recargables, lámparas portátiles y estaciones de carga importadas principalmente de Estados Unidos y Panamá. Sin embargo, estos productos son prohibitivos para la mayoría, dado que un salario estatal mensual oscila entre 18 y 20 dólares en el mercado informal.

En las afueras de La Habana, el herrero Edinector Vázquez tiene más trabajo que nunca fabricando hornillas para carbón. Cada unidad cuesta alrededor de 18 dólares, un lujo para muchas familias, pero una necesidad creciente. “La situación va cada día más tensa, hay que tratar de buscar la solución y escapar por aquí y por allá”, reflexiona Vázquez.

Impacto Social y Económico

La severa crisis económica comenzó en 2019 con el endurecimiento de las sanciones estadounidenses, se agudizó durante la pandemia de COVID-19 y culminó con el fracaso de un programa de reforma financiera. La inflación, la dolarización de las tiendas, el desabastecimiento de alimentos y medicinas, junto con el deterioro de los servicios de salud, han desencadenado la mayor ola migratoria de la historia cubana. Las autoridades estadounidenses reportaron que desde 2022, más de 641.000 cubanos fueron interceptados en sus fronteras, mientras otros miles buscaron refugio en Europa y América Latina.

Perspectivas Desalentadoras

Para Piñón, resolver esta crisis tomaría entre tres y cinco años y requeriría inversiones masivas, estimadas entre 5.000 y 8.000 millones de dólares. Mientras tanto, los cubanos enfrentan un futuro incierto. “Esto está difícil. Va a llegar un momento en el que las ideas se nos van a acabar”, advierte Rodríguez.

Con el verano acercándose, las temperaturas altas y la temporada de huracanes amenazan con profundizar el sufrimiento colectivo. Los cubanos, conocidos por su resiliencia, continúan buscando formas de sobrevivir, pero el desgaste acumulado plantea preguntas sobre cuánto más podrán resistir antes de que las soluciones improvisadas ya no alcancen.

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