La Habana, 3 de mayo de 2026.- La crisis económica en Cuba ha alcanzado un nuevo nivel crítico, con bodegas estatales prácticamente vacías y una población que depende cada vez menos de la tradicional libreta de racionamiento para sobrevivir.
En el centro de La Habana, José Luis Amate López apenas ha tenido clientes en semanas en la tienda estatal donde trabaja, reflejo de un sistema de abastecimiento colapsado que ya no puede cubrir las necesidades básicas de miles de personas. Los estantes, que en el pasado estaban llenos, hoy ofrecen apenas arroz, azúcar y garbanzos para unos 5.000 consumidores asignados.
El deterioro del sistema de distribución estatal marca un punto de quiebre en un modelo instaurado por Fidel Castro en la década de 1960, cuando la libreta garantizaba una canasta básica mensual subsidiada. Hoy, ese mecanismo apenas aporta una fracción de los alimentos necesarios, obligando a los ciudadanos a buscar alternativas en mercados privados con precios inaccesibles.
La situación actual recuerda al “Período Especial” de los años noventa, tras la caída de la Unión Soviética, pero muchos cubanos aseguran que la crisis actual es incluso más severa, con una inflación descontrolada y escasez generalizada de productos básicos.
Testimonios como el de Ana Enamorado, una jubilada habanera, evidencian el deterioro del poder adquisitivo. Con ingresos mensuales equivalentes a apenas 16 dólares, debe enfrentar precios que superan ampliamente su capacidad económica, como cartones de huevos que pueden costar más de 100 dólares en el mercado informal. “En la libreta no viene casi nada y estamos viviendo casi del aire”, lamentó.
El problema se agrava por la alta dependencia de importaciones, ya que Cuba adquiere hasta el 80% de los alimentos que consume. La falta de divisas, junto con errores en políticas económicas como la unificación monetaria de 2021, ha generado un desequilibrio fiscal que limita la capacidad del Estado para sostener subsidios generalizados.
En respuesta, el gobierno ha planteado un cambio de estrategia: sustituir los subsidios a productos por ayudas directas a las personas más vulnerables. Sin embargo, la transición avanza lentamente mientras persisten apagones, escasez de combustible y restricciones energéticas.
La desigualdad también se profundiza. Aquellos que reciben remesas del exterior logran acceder a alimentos en el mercado privado, mientras que quienes dependen exclusivamente de salarios estatales enfrentan condiciones cada vez más precarias.
“Si no fuera por las remesas, no se podría vivir”, aseguró un trabajador habanero, reflejando una realidad que afecta a millones en la isla. Para muchos otros, sin ese respaldo, la subsistencia diaria se ha convertido en un desafío extremo.
En medio de este panorama, la libreta de racionamiento, símbolo histórico del sistema socialista cubano, pierde relevancia frente a una crisis estructural que continúa profundizándose y que mantiene a la población en una lucha constante por acceder a los alimentos más básicos.







