Toronto, 1 de mayo de 2026.- La crisis de vivienda en Canadá ha alcanzado niveles críticos tras revelarse que los precios de las viviendas nuevas de gama baja han aumentado un 265% desde 2004, mientras que los ingresos de los jóvenes con dos salarios apenas crecieron un 76%, ampliando de forma drástica la brecha de acceso a la propiedad.

Según expertos del sector hipotecario, adquirir una vivienda se ha convertido en un objetivo prácticamente inalcanzable para la clase media. Ron Butler, veterano del mercado inmobiliario, aseguró ante un comité parlamentario que en ciudades como Toronto una persona con ingresos estables “simplemente nunca podrá ahorrar” el pago inicial necesario para comprar una casa.

Los datos más recientes de la Asociación Canadiense de Bienes Raíces (CREA) reflejan la magnitud del problema. En marzo de 2026, el precio medio nacional de una vivienda alcanzó los 673.084 dólares, lo que exige un pago inicial superior a los 42.000 dólares. Sin embargo, en mercados clave como Toronto y Vancouver, los precios superan el millón de dólares, elevando el pago inicial a entre 76.000 y 95.000 dólares.

El problema no se limita a las principales ciudades. Investigaciones de la Universidad de Ottawa indican que la falta de asequibilidad se ha extendido a prácticamente todo el país. Por ejemplo, para comprar una vivienda promedio en Calgary se requieren ingresos cercanos a 122.300 dólares anuales, mientras que en Montreal y Ottawa la cifra supera los 127.000 y 132.000 dólares, respectivamente.

Un informe reciente revela que Canadá lidera entre los países de la OCDE el aumento en la relación entre precios de vivienda e ingresos, con un incremento superior al 80% desde 2004. En términos prácticos, una casa que antes equivalía a tres años de salario ahora representa casi cinco años y medio.

La situación ha generado un cambio estructural en el acceso a la vivienda. Actualmente, quienes logran comprar propiedades pertenecen en su mayoría al 10% o 15% con mayores ingresos, o cuentan con apoyo financiero significativo de sus familias.

“Hoy, incluso con ingresos de 115.000 dólares, es imposible acceder a una vivienda en muchos mercados”, explicó Butler, quien advirtió que el fenómeno se ha expandido más allá de Toronto y Vancouver hacia otras regiones del país.

Expertos señalan que el problema radica en una combinación de factores: aumento acelerado de precios, crecimiento salarial insuficiente y una oferta de vivienda que no logra satisfacer la demanda. Además, el alto costo de construcción limita el desarrollo de nuevas propiedades asequibles.

Algunos analistas sugieren que las pocas zonas donde aún es posible comprar vivienda se encuentran en regiones menos pobladas, como partes de Quebec, el norte de Alberta o provincias atlánticas. Sin embargo, incluso estas áreas comienzan a experimentar incrementos en los precios debido a la migración interna.

El desafío, advierten especialistas, no tiene una solución sencilla. Para restablecer la asequibilidad, será necesario no solo contener el alza de los precios inmobiliarios, sino también impulsar un crecimiento salarial sostenido y aumentar significativamente la construcción de viviendas.

La crisis inmobiliaria canadiense se consolida así como uno de los principales problemas económicos y sociales del país, con una generación entera enfrentando crecientes dificultades para acceder a la propiedad.

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