SEÚL, 3 JUNIO.— Lee Jae-myung se convirtió en el nuevo presidente de Corea del Sur tras imponerse en unas elecciones anticipadas marcadas por una profunda crisis institucional. Su llegada al poder coincide con un momento crítico para el país, ya que enfrentará un juicio penal pendiente que podría convertirse en el mayor desafío de su gobierno.

El triunfo de Lee representa el regreso del progresista Partido Democrático (PD) al poder, tras la histórica destitución del conservador Yoon Suk-yeol por parte del Tribunal Constitucional en diciembre pasado. Yoon fue removido tras declarar inconstitucionalmente la ley marcial, lo que desencadenó tensiones políticas sin precedentes en el país.

De los Márgenes Sociales al Poder Presidencial

Nacido en 1964 en Andong, Lee creció en la pobreza antes de mudarse con su familia a Seongnam, una ciudad dormitorio al sur de Seúl. A pesar de las dificultades económicas, logró licenciarse en Derecho gracias a una beca y comenzó su carrera como abogado de derechos humanos. En 2004, inició su trayectoria política dentro del Partido Democrático, destacándose como alcalde de Seongnam entre 2010 y 2018, y luego como gobernador de Gyeonggi, la provincia más poblada del país.

Durante su gestión, se distinguió por su enfoque en la eficiencia fiscal y la expansión del bienestar social, incluyendo un ambicioso programa de ingreso básico para jóvenes. Sin embargo, su carrera ha estado marcada por controversias, particularmente un presunto esquema irregular de reparto de beneficios en el desarrollo inmobiliario de Daejang-dong. Este caso cobró notoriedad tras la muerte sospechosa de uno de los implicados, Kim Moon-ki, en 2021.

Un Juicio que Podría Amenazar su Legitimidad

Después de perder estrechamente las elecciones de 2022 frente a Yoon, Lee reapareció con una estrategia política más conciliadora. Fue nominado candidato presidencial por su partido el 27 de abril, obteniendo un respaldo abrumador del 89,77 % apenas días después de la caída institucional de Yoon.

Sin embargo, en mayo, el Tribunal Supremo ordenó reabrir un juicio en su contra por supuesta falsedad en declaraciones vinculadas al escándalo urbanístico de Daejang-dong. Aunque había sido absuelto en segunda instancia, la sentencia fue anulada, y una nueva audiencia está prevista para el 18 de junio.

La Constitución surcoreana impide procesar penalmente a un presidente en funciones, salvo en casos de insurrección o traición. Existe un debate legal sobre si esta inmunidad aplica a causas iniciadas antes de asumir el cargo. Si los tribunales inferiores siguen la línea del Supremo, Lee podría enfrentar un veredicto adverso que, aunque no implique su destitución inmediata, pondría en entredicho la legitimidad de su gobierno.

Un Giro al Centro y un Foco en Resultados Concretos

Durante la campaña, Lee adoptó un tono más moderado, orientándose hacia un discurso «centrista-conservador». Puso el énfasis en propuestas económicas y tecnológicas, sin abandonar su compromiso con la justicia social. Entre sus planes figura la creación de un Ministerio de Clima y Energía, además de políticas para fomentar la industria digital y tecnológica.

En temas de género, evitó la confrontación ideológica y defendió la expansión del Ministerio de Igualdad de Género y Familia, contrariando a sus rivales conservadores que proponen su eliminación. En política exterior, ha abogado por una estrategia pragmática basada en resultados concretos más que en gestos simbólicos. Aunque mantuvo un perfil bajo respecto a Corea del Norte, ha afirmado su intención de reactivar el diálogo intercoreano como vía para la estabilidad regional.

Su equipo de campaña ha descrito su diplomacia como «pragmática y de beneficio mutuo», enfocada en la transparencia, el diálogo y la construcción de alianzas sólidas basadas en la confianza.

Un Liderazgo a Prueba desde el Primer Día

De acuerdo con la ley surcoreana, Lee asumirá la presidencia sin período de transición, siendo investido este miércoles, pocas horas después del anuncio oficial de los resultados. A los retos internacionales y económicos se suman tensiones internas: Lee hereda una sociedad profundamente dividida por líneas ideológicas, generacionales y de género.

En su último mitin, celebrado el lunes en Seúl, prometió que su gobierno marcará el inicio de una «revolución luminosa», comprometiéndose a esclarecer la verdad sobre la caída de su predecesor y a hacer rendir cuentas a los responsables. «Encontraremos sin falta a los responsables de la insurrección, aclararemos los hechos con precisión y haremos que los principales implicados rindan cuentas», aseguró.

«Si el pueblo une sus fuerzas, lograremos que se frene la violencia de los poderosos y se proteja a los débiles, una gran nación armoniosa donde todos vivamos juntos y con esperanza», concluyó.

Con el país aún impactado por su segunda destitución presidencial en menos de tres ciclos, Lee ha insistido en que su misión es superar el enfrentamiento y abrir una nueva etapa de reconciliación nacional. No obstante, el rumbo de su presidencia dependerá, en buena medida, del desenlace de su juicio pendiente.

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