Muere a los 97 años Zhu Rongji, el reformista que impulsó el ascenso económico de China

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Redaccion Hispanic Posthttps://hispanicpost.com
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Pekín, 12 agosto.- El ex primer ministro chino Zhu Rongji, una de las figuras clave de las reformas económicas que transformaron a China en una potencia comercial mundial, murió este miércoles en Pekín a los 97 años, informó la agencia estatal Xinhua. Su fallecimiento se produjo alrededor de las 11:00 de la mañana tras una enfermedad.

Zhu ocupó el cargo de primer ministro entre 1998 y 2003 y fue uno de los principales responsables de aplicar profundas reformas a las empresas estatales, combatir la inflación y conducir las negociaciones que culminaron con el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001.

Su gestión estuvo marcada por decisiones dolorosas, entre ellas millones de despidos derivados de la reestructuración de empresas estatales, pero también por una aceleración del crecimiento económico que ayudó a convertir a China en una de las principales economías del planeta.

El reformista que desafió a los conservadores

Zhu nació el 23 de octubre de 1928 en Hunan, provincia natal de Mao Zedong. Su carrera política sufrió un prolongado retroceso después de que en 1957 fuera acusado de “derechista” por elogiar reformas emprendidas en otros países comunistas.

Durante la Revolución Cultural, entre 1966 y 1976, fue enviado al campo para realizar trabajos manuales. Tras su rehabilitación en 1979, regresó rápidamente a la administración y ascendió hasta convertirse en dirigente del Partido Comunista en Shanghái y posteriormente alcalde de la ciudad.

Como alcalde, Zhu ganó reconocimiento por su gestión durante las protestas prodemocráticas de 1989. Posteriormente fue nombrado viceprimer ministro en 1991 y pasó a formar parte del principal órgano de dirección del Partido Comunista en 1993.

Desde esos cargos se convirtió en una de las figuras centrales de la política económica china.

Reformas que cambiaron la economía china

Antes de llegar a la jefatura del Gobierno, Zhu había adquirido prestigio por su papel en la lucha contra la inflación. Impuso controles de precios y restringió el crédito destinado a empresas estatales deficitarias, enfrentándose a dirigentes locales y sectores conservadores del partido.

Como primer ministro, amplió esa estrategia para obligar a las empresas estatales a ser más eficientes y rentables. La transformación provocó el despido de millones de trabajadores, pero permitió sanear una parte importante de la economía estatal.

Zhu no defendía una privatización generalizada. Su objetivo era convertir bancos, aerolíneas, petroleras y otras grandes empresas controladas por el Estado en organizaciones orientadas a obtener beneficios, pero manteniendo la propiedad pública.

Su estrategia combinaba, por tanto, mecanismos de mercado con un fuerte control estatal.

El ingreso de China en la OMC

Uno de los mayores logros de Zhu fue liderar el tramo final de las prolongadas negociaciones para que China ingresara en la Organización Mundial del Comercio.

Las conversaciones se habían iniciado años antes, pero Zhu utilizó la adhesión a la OMC como una herramienta para acelerar la apertura de la economía y limitar la protección de empresas favorecidas por autoridades locales.

El proceso llegó a un momento crítico en 1999, cuando Zhu viajó a Washington con propuestas de apertura del mercado chino en busca del respaldo de Estados Unidos. La oferta fue inicialmente rechazada por considerarse insuficiente, mientras sus adversarios políticos en China lo acusaban de hacer demasiadas concesiones.

A pesar de las dificultades, China finalmente ingresó en la OMC en diciembre de 2001, una decisión que contribuyó decisivamente a su posterior expansión comercial.

Crecimiento económico y auge de la vivienda

Las reformas impulsadas durante esos años coincidieron con una etapa de crecimiento extraordinario. La economía china mantuvo tasas superiores al 8 % anual entre 2000 y 2010 y alcanzó un crecimiento del 14,2 % en 2007.

Durante el mandato de Zhu también comenzó el gran proceso de expansión de la propiedad privada de viviendas urbanas. En 1998, el Gobierno impulsó la venta de apartamentos que hasta entonces eran propiedad de empresas estatales, lo que llevó a millones de familias a adquirir sus viviendas.

Una década después, la mayoría de las viviendas urbanas chinas estaban en manos privadas.

China terminaría superando a Japón y convirtiéndose en la segunda mayor economía del mundo, detrás de Estados Unidos, en 2010.

Un dirigente conocido por su franqueza

Zhu cultivó una imagen muy diferente a la del tradicional funcionario de alto rango. Era conocido por su estilo directo, su temperamento y sus críticas a la corrupción y la ineficiencia administrativa.

Sus declaraciones públicas le valieron apodos como “Jefe” y “Zhu el Loco”. En 1998, durante su campaña contra la corrupción, dijo que había preparado “100 ataúdes”, 99 para funcionarios corruptos y uno para él.

También sorprendió al asumir públicamente responsabilidades por errores del Gobierno.

Tras las devastadoras inundaciones de 1998, que causaron miles de muertes y generaron acusaciones de corrupción en la construcción de diques, Zhu criticó la mala calidad de algunas obras.

En 2001 llegó incluso a pedir disculpas públicamente después de que una explosión en una escuela del sur de China causara al menos 42 muertos, la mayoría niños.

Un legado decisivo

Zhu fue también uno de los principales arquitectos del sistema tributario que permitió al Gobierno central recuperar una mayor proporción de los ingresos recaudados localmente, una reforma que fortaleció la capacidad financiera de Pekín.

Su estilo contrastaba con la habitual cautela de los altos dirigentes chinos. En ruedas de prensa y apariciones públicas llegó a recurrir al humor, incluso para burlarse de sí mismo.

Tras abandonar el cargo de primer ministro en 2003, Zhu se mantuvo prácticamente fuera de la vida pública.

Su legado queda estrechamente vinculado a una etapa decisiva de la historia económica de China: la transición desde una economía dominada por empresas estatales hacia un modelo más orientado al mercado, sin abandonar el control político del Partido Comunista.

Para muchos observadores, Zhu Rongji fue el arquitecto económico de una transformación que preparó a China para convertirse en una potencia comercial global.

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