Toronto, 21 julio.- La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de anunciar nuevos aranceles del 50 % sobre cientos de productos canadienses forma parte de una estrategia para aumentar la presión sobre Canadá antes de renegociar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC o CUSMA), según analistas y exfuncionarios.
Aunque el anuncio sorprendió por su magnitud, especialistas en relaciones bilaterales sostienen que Washington llevaba meses preparando una ofensiva comercial para obtener mayores concesiones de Ottawa.
Los nuevos gravámenes, previstos para entrar en vigor el 19 de agosto, afectarían cerca de 20.000 millones de dólares estadounidenses en exportaciones canadienses, equivalentes a aproximadamente el 5 % de las ventas de Canadá al mercado estadounidense durante 2025.
Estados Unidos busca fortalecer su posición en la renegociación del T-MEC
Uno de los principales objetivos de la administración Trump sería reducir la capacidad negociadora de Canadá durante las conversaciones para modificar el acuerdo comercial norteamericano.
Entre las principales reclamaciones de Washington figura la eliminación de restricciones que varias provincias canadienses mantienen sobre la venta de bebidas alcohólicas procedentes de Estados Unidos, así como cambios en el acceso al mercado lácteo canadiense y en las condiciones para las exportaciones de vehículos.
Brian Clow, exasesor del ex primer ministro Justin Trudeau en asuntos relacionados con Estados Unidos, señaló que el incremento de la presión comercial no resulta inesperado.
El especialista recomendó al gobierno del primer ministro Mark Carney evitar respuestas precipitadas y aprovechar el plazo de 30 días antes de la entrada en vigor de los aranceles para continuar las negociaciones.
Alcohol, productos lácteos y cientos de bienes estarán sujetos al nuevo arancel
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, justificó la medida señalando tres factores principales: la retirada de bebidas alcohólicas estadounidenses de los establecimientos provinciales canadienses, el mayor acceso concedido por Canadá a productos lácteos procedentes de la Unión Europea y las limitaciones aplicadas a determinadas exportaciones de vehículos estadounidenses.
La lista difundida por Washington incluye cerca de 500 categorías de productos.
Entre los bienes afectados destacan:
- Vino y bebidas alcohólicas.
- Productos lácteos.
- Equipamiento para hockey.
- Chaquetas de plumas.
- Herramientas y artículos de ferretería.
- Velas decorativas.
- Sobres.
- Vasos de plástico.
- Adornos navideños.
- Pelucas sintéticas.
Analistas consideran que algunos de estos productos fueron seleccionados para incrementar la presión sobre sectores específicos de la economía canadiense con un impacto limitado sobre los consumidores estadounidenses.
Sectores estratégicos quedan fuera de los nuevos gravámenes
La administración Trump excluyó de la nueva ronda de aranceles productos considerados estratégicos para la economía estadounidense.
Entre ellos figuran las exportaciones canadienses de:
- Petróleo crudo.
- Potasa utilizada en fertilizantes.
- Minerales críticos empleados por la industria tecnológica y de defensa.
La exclusión busca evitar un aumento adicional en los precios de los combustibles en Estados Unidos, garantizar el suministro de fertilizantes para el sector agrícola y mantener el acceso a materias primas esenciales para la fabricación de equipos militares.
Las restricciones al alcohol ya afectan al comercio bilateral
Las limitaciones impuestas por varias provincias canadienses a la comercialización de bebidas alcohólicas estadounidenses ya han tenido un impacto significativo en las exportaciones de ese país.
De acuerdo con cifras oficiales estadounidenses, las ventas de vino hacia Canadá disminuyeron en aproximadamente 360 millones de dólares durante 2025 respecto al año anterior, mientras que las exportaciones de bebidas espirituosas descendieron alrededor de 150 millones de dólares.
Los analistas consideran que la nueva ofensiva comercial representa un intento de Washington por utilizar la presión arancelaria como herramienta de negociación antes de la revisión del T-MEC, uno de los acuerdos comerciales más importantes para las economías de América del Norte.





