Montreal, 17 Julio.- Cincuenta años después de convertirse en una leyenda del deporte mundial, Nadia Comaneci regresó a Montreal para recordar el momento que marcó para siempre la historia de los Juegos Olímpicos de 1976, cuando una gimnasta rumana de apenas 14 años logró la primera puntuación perfecta de 10.0 en una competición olímpica.

La hazaña, que forma parte del imaginario deportivo mundial, ocurrió en las barras asimétricas del Foro de Montreal, donde el marcador electrónico no estaba preparado para mostrar un 10 y sorprendió al público al presentar únicamente 1.00.

“Sabía que había hecho una buena rutina y que podía obtener una puntuación cercana a nueve”, recordó Comaneci durante una entrevista con Radio-Canada Sport. “Normalmente no miro la puntuación, pero el público hacía mucho ruido, giré la cabeza y vi 1.00. No entendía qué estaba pasando; pensé que la rutina iba a recibir un nueve”.

Sin embargo, aquel número no era un error: era la primera vez que una gimnasta conseguía la perfección en unos Juegos Olímpicos.

Una actuación que cambió la gimnasia para siempre

Comaneci repitió la puntuación perfecta en seis ocasiones más durante aquellos Juegos de Montreal y terminó la competición con un total de siete ejercicios sin fallos.

La joven rumana conquistó tres medallas de oro, una de plata y una de bronce, convirtiéndose en el gran símbolo deportivo de Montreal 1976.

Su secreto, explicó, estuvo en buscar pequeños detalles que la diferenciaran de sus rivales.

“Durante los entrenamientos me preguntaba qué podía hacer mejor que las demás. Decidí añadir más amplitud a cada elemento, y eso fue lo que me dio la puntuación perfecta”, recordó.

En aquel momento, asegura, no comprendía la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

“Escuchaba al público, pero no entendía realmente lo que pasaba. Tenía una misión: quería terminar lo que había empezado. Pensaba en lo que tenía que hacer al día siguiente, sin darme cuenta de que estaba haciendo historia”, explicó.

Un símbolo para las mujeres en el deporte

Con el paso del tiempo, Comaneci comenzó a comprender el impacto de su trayectoria más allá de la gimnasia.

“En ese momento no lo entendía, pero muchas personas me decían que había abierto camino para las mujeres. Ahora lo comprendo”, afirmó.

La exgimnasta destacó que su carrera ayudó a demostrar que las mujeres podían alcanzar los niveles más altos en el deporte internacional.

“Tenemos el poder de hacer de todo. En mi época era muy difícil organizar una competición como esta, pero creo que ayudé a demostrar que las mujeres tenemos un gran valor”, señaló.

Su legado continúa presente en Montreal, donde incluso un establecimiento deportivo lleva su nombre y está dedicado exclusivamente a la promoción del deporte femenino.

Una campeona que sigue siendo única

Después de Montreal, Comaneci participó en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, donde sumó dos medallas de oro y dos de plata, consolidando su lugar entre las mejores gimnastas de todos los tiempos.

También mantiene un récord que ya no podrá repetirse: fue la última atleta de gimnasia artística en ganar una medalla olímpica con solo 14 años, ya que las actuales normas impiden competir a deportistas menores de 16 años.

Para Comaneci, la perfección no es un punto final, sino un proceso permanente.

“Todos preguntan qué significa la perfección, pero no lo sé. Sabía que las otras gimnastas que me veían intentarían superarme. La perfección es una escalera que nunca se detiene”, afirmó.

El regreso triunfal a Rumania

Tras sus inolvidables actuaciones en Montreal, la joven campeona regresó a su país natal sin imaginar la magnitud de su popularidad.

Al llegar al aeropuerto de Bucarest, su entrenador le pidió que se colocara las medallas antes de bajar del avión.

“Miré alrededor y vi que había 10.000 personas. Así que volví a subir al avión”, recordó entre risas.

Durante el trayecto hasta su ciudad natal, Onesti, situada a unas tres horas de la capital rumana, tuvo que detenerse en numerosas ocasiones para saludar a miles de admiradores que querían ver personalmente a la nueva estrella mundial.

Medio siglo después, el nombre de Nadia Comaneci continúa unido para siempre a Montreal y al día en que, el 18 de julio de 1976, hizo historia al demostrar que la perfección olímpica era posible.

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