“Tengo muy buenos genes”: Trump desafía a sus médicos y mantiene una alta dosis diaria de aspirina mientras crece el escrutinio sobre su salud

EEUU Y CANADA

Washington, 1 ene.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de 79 años, mantiene hábitos médicos que contrastan con las recomendaciones de su equipo sanitario, en particular su decisión de ingerir diariamente 325 miligramos de aspirina, una dosis superior a los 81 miligramos que suelen sugerir los médicos para la prevención cardiovascular. Pese a las advertencias, el mandatario ha rechazado reducir la cantidad, asegurando que lleva más de dos décadas siguiendo su propio criterio y aludiendo incluso a cierta superstición personal.

“Dicen que la aspirina es buena para diluir la sangre, y no quiero sangre espesa fluyendo por mi corazón. Quiero sangre fina fluyendo por mi corazón”, declaró Trump en una entrevista con The Wall Street Journal, justificando su negativa a modificar el tratamiento.

En octubre, el presidente se sometió a un estudio de imagen avanzada para descartar problemas cardiovasculares, un procedimiento que, según admitió, lamenta haber realizado por la atención mediática que generó. “En retrospectiva, es una pena que lo haya hecho porque les dio un poco de munición”, afirmó. Aunque inicialmente se habló de una resonancia magnética, Trump y su médico personal, el capitán de la Marina Sean Barbabella, aclararon que se trató de una tomografía computarizada (CT scan), una prueba más rápida y común, cuyos resultados no revelaron anomalías cardiovasculares.

El mandatario también ha mostrado reticencia a seguir otras indicaciones médicas, como el uso de medias de compresión para tratar la hinchazón en las piernas asociada a una insuficiencia venosa crónica superficial, diagnosticada en julio. Trump reconoció que abandonó rápidamente el uso de las medias por incomodidad, aunque aseguró que la inflamación ha mejorado gracias a una mayor movilidad diaria.

Pese a estas decisiones, tanto el presidente como su médico insisten en que su estado de salud es excelente. Trump suele atribuirlo a su herencia genética: “La genética es muy importante. Y yo tengo muy buena genética”, afirmó. Barbabella, por su parte, reiteró en un comunicado que el mandatario se encuentra en “salud excepcional y plenamente capacitado para ejercer como comandante en jefe”.

Señales de envejecimiento y rutina exigente

Fuentes cercanas citadas por The Wall Street Journal señalan que en el entorno presidencial se han observado signos visibles de envejecimiento, tanto en apariciones públicas como en la rutina privada. Trump duerme pocas horas y, en semanas recientes, ha tenido dificultades para mantener los ojos abiertos durante algunos actos televisados en la Casa Blanca, lo que ha alimentado especulaciones sobre episodios de somnolencia.

Colaboradores, donantes y amigos aseguran que en reuniones privadas a menudo deben elevar la voz para que el presidente escuche con claridad, aunque él rechaza tener problemas auditivos y sostiene que solo enfrenta dificultades “cuando hay mucha gente hablando”. Su equipo incluso le ha recomendado mantener los ojos abiertos durante eventos públicos para evitar interpretaciones negativas sobre su nivel de alerta.

La fragilidad de la piel del presidente también ha sido motivo de comentarios. Trump reconoció que utiliza maquillaje para disimular hematomas y pequeños cortes, como el ocurrido durante la Convención Nacional Republicana en Milwaukee, cuando su mano sangró tras un saludo con la fiscal general Pam Bondi.

Actividad física, dieta y medicación

La actividad física del mandatario se limita prácticamente al golf, deporte que practica con regularidad y que considera suficiente para mantenerse activo. Trump ha descartado otros ejercicios, calificándolos de aburridos. En cuanto a la alimentación, no ha introducido cambios relevantes y continúa consumiendo con frecuencia hamburguesas, papas fritas y productos altos en sal y grasas, según relataron aliados políticos.

De acuerdo con el informe médico citado por The Wall Street Journal, Trump toma rosuvastatina y ezetimiba para controlar el colesterol, además de crema de mometasona para una afección cutánea, y mantiene el uso diario de aspirina como prevención cardíaca, aunque en una dosis superior a la habitual. Un análisis cardiológico asistido por inteligencia artificial de la Mayo Clinic estimó que su edad cardíaca corresponde a la de una persona de 65 años, según datos difundidos por la Casa Blanca.

Presión política y mediática

Trump se convirtió en el presidente de mayor edad en asumir el cargo, lo que ha intensificado el escrutinio sobre su condición física y cognitiva, especialmente en comparación con su antecesor, Joe Biden, a quien ha acusado de ocultar problemas médicos. Aunque asesores y médicos insisten en que el mandatario mantiene una agenda intensa —con jornadas que se extienden hasta las 19 o 20 horas—, el debate público sobre su salud persiste, alimentado por imágenes, declaraciones y la constante atención mediática sobre cada uno de sus gestos.

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