Beijing, 13 mayo.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó este miércoles a Beijing para iniciar una de las cumbres más delicadas de su mandato con el presidente chino Xi Jinping, en medio de tensiones globales por la guerra con Irán, el conflicto comercial entre ambas potencias y la disputa sobre Taiwán.
El Air Force One aterrizó en la capital china en una visita cargada de simbolismo político y estratégico. Las autoridades de Beijing prepararon una recepción oficial con honores militares, una banda ceremonial y cientos de jóvenes chinos para dar la bienvenida al mandatario estadounidense.
La reunión bilateral principal entre Trump y Xi está prevista para este jueves, seguida de un banquete oficial en el marco de una agenda que podría redefinir el equilibrio geopolítico y económico entre las dos mayores potencias del mundo.
“Somos las dos superpotencias”, declaró Trump antes de abandonar Washington. “Estados Unidos es la nación militar más fuerte del planeta y China es considerada la segunda”.
El mandatario republicano llega a China presionado por la creciente crisis energética derivada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, situación que ha provocado fuertes aumentos en los precios internacionales del petróleo y del gas tras la interrupción parcial del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz.
Aunque Trump intentó minimizar públicamente la relevancia del tema iraní en la cumbre, la guerra en Medio Oriente domina actualmente la agenda internacional y amenaza con impactar directamente la economía global.
En paralelo, la Casa Blanca busca avanzar en nuevos acuerdos comerciales con Beijing para incrementar las exportaciones estadounidenses de soja, carne y aeronaves, además de estabilizar las tensiones arancelarias que marcaron los últimos años de relaciones entre ambos países.
Uno de los puntos más sensibles será la cuestión de Taiwán. China ha expresado su rechazo al paquete de armas por 11.000 millones de dólares aprobado por Washington para la isla, considerada por Beijing como parte inseparable de su territorio.
El diario oficial del Partido Comunista Chino advirtió antes de la llegada de Trump que Taiwán representa “la primera línea roja que no se puede cruzar” en la relación bilateral.
A pesar de las tensiones, Trump aseguró que la relación con Xi “seguirá siendo fuerte durante muchas décadas” y adelantó que buscará ampliar la presencia de empresas estadounidenses en el mercado chino.
La delegación estadounidense incluye importantes empresarios tecnológicos y financieros, entre ellos Elon Musk y Jensen Huang, reflejando el creciente peso de la inteligencia artificial y la industria de semiconductores en la disputa estratégica entre Washington y Beijing.
Otro de los asuntos que Trump planea discutir es un posible acuerdo trilateral de control nuclear entre Estados Unidos, China y Rusia, iniciativa que Beijing ha rechazado anteriormente debido a la enorme diferencia entre su arsenal atómico y el de las otras dos potencias.
Según estimaciones del Pentágono, China dispone actualmente de más de 600 ojivas nucleares operativas y podría superar las 1.000 antes de 2030, aunque sigue lejos de las más de 5.000 que poseen tanto Estados Unidos como Rusia.
La cumbre ocurre además en un momento clave para la economía mundial, con ambos gobiernos intentando evitar una nueva escalada comercial mientras crece la competencia tecnológica y militar entre Washington y Beijing.







