Washington, 12 Mayo.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este martes la apertura de conversaciones con Cuba, país al que calificó como un “Estado fallido” en medio de una nueva escalada de sanciones económicas y una grave crisis energética en la isla caribeña.
A través de su red Truth Social, Trump afirmó: “¡Cuba pide ayuda, y vamos a hablar!”, aunque no ofreció detalles sobre el formato ni los objetivos de las conversaciones. El mensaje se produjo en paralelo a su viaje oficial a China.
El mandatario estadounidense ha endurecido en los últimos meses la política hacia La Habana, incluyendo restricciones al suministro de combustible y sanciones económicas dirigidas a sectores estratégicos del país.
El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció recientemente nuevas medidas contra entidades vinculadas al conglomerado militar cubano GAESA y a empresas del sector minero y energético, dentro de una estrategia para reducir los ingresos del gobierno cubano.
Estas acciones se enmarcan en una orden ejecutiva firmada por la administración estadounidense que amplía las sanciones a entidades extranjeras que mantengan vínculos comerciales con sectores clave de la economía cubana, como energía, finanzas y defensa.
La tensión entre ambos países se ha intensificado tras declaraciones previas de Trump en las que aseguró que Estados Unidos podría “tomar el control” de Cuba “casi de inmediato”, lo que generó preocupación internacional.
En Cuba, el gobierno encabezado por Miguel Díaz-Canel enfrenta una profunda crisis energética marcada por apagones prolongados que afectan a gran parte de la población. Según datos oficiales, cortes eléctricos pueden extenderse hasta más de 18 horas diarias en varias regiones del país.
El sistema eléctrico cubano atraviesa una situación crítica debido a la falta de combustible, el deterioro de las infraestructuras y la caída de inversiones en el sector energético. Analistas estiman que serían necesarios miles de millones de dólares para estabilizar la red eléctrica nacional.
Mientras tanto, el gobierno estadounidense mantiene su presión diplomática y económica sobre la isla, en un contexto de creciente tensión regional y de redefinición de la política de Washington hacia el Caribe.








