Ottawa, 12 agosto.- Canadá entra en una semana crucial para intentar evitar una nueva ronda de aranceles del 50 % anunciados por el presidente estadounidense Donald Trump, que podrían comenzar a aplicarse el próximo 19 de agosto, mientras Ottawa y Washington aceleran las conversaciones vinculadas a la revisión del CUSMA, el acuerdo comercial entre Canadá, Estados Unidos y México.

El ministro de Comercio entre Canadá y Estados Unidos, Dominic LeBlanc, tiene previsto reunirse nuevamente con el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, en lo que sería su segundo encuentro en apenas dos semanas.

Al mismo tiempo, la principal negociadora canadiense, Janice Charette, mantuvo reuniones con funcionarios de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), mientras ambos equipos buscan avanzar en cuestiones que han provocado fuertes tensiones comerciales entre los dos países.

Una fuente canadiense familiarizada con las conversaciones indicó que los funcionarios estadounidenses están mostrando un alto nivel de compromiso con las negociaciones.

Washington exige nuevas concesiones

La Administración Trump ha planteado varias exigencias a Canadá para modificar su actual política comercial.

Entre las principales demandas figura que Canadá permita nuevamente la venta de alcohol producido en Estados Unidos en ocho provincias que mantienen restricciones como respuesta a las medidas comerciales adoptadas por Washington.

Trump también exige que Ottawa elimine los aranceles que afectan a determinados productos de la industria automotriz estadounidense y que modifique las normas canadienses de gestión de la oferta, especialmente las que regulan el acceso de productos lácteos estadounidenses al mercado canadiense.

Para imponer los nuevos aranceles del 50 %, Trump recurrió a la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición que permite aplicar medidas adicionales contra países considerados discriminatorios hacia los productos estadounidenses.

Washington sostiene que determinadas políticas comerciales canadienses perjudican los intereses de Estados Unidos.

Ottawa intenta ampliar el alcance de las negociaciones

Canadá busca aprovechar las conversaciones para negociar un acuerdo más amplio que no se limite a las nuevas exigencias de Washington.

Ottawa pretende incluir en las discusiones los aranceles que Estados Unidos ya mantiene sobre productos canadienses como acero, aluminio y madera de construcción.

Esas medidas fueron justificadas previamente por Trump mediante la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que permite imponer restricciones cuando determinados productos son considerados una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.

El argumento generó un fuerte rechazo en Canadá, donde las autoridades y distintos sectores económicos cuestionaron que los productos provenientes de uno de sus principales aliados comerciales fueran considerados un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Una carrera contra el reloj

El reducido plazo hasta el 19 de agosto hace difícil que todas las diferencias puedan resolverse de inmediato.

Louise Blais, enviada de Quebec para la revisión del CUSMA, considera que las conversaciones podrían prolongarse y que esta semana estará marcada por negociaciones intensas, tensiones y posibles mensajes contradictorios procedentes de Washington.

Blais advirtió que Canadá deberá mantener la calma y evitar entregar demasiado pronto su capacidad de negociación.

La revisión del acuerdo se ha convertido en una prueba política y económica de gran importancia para el Gobierno del primer ministro Mark Carney, que intenta proteger el acceso de las empresas canadienses al mercado estadounidense mientras evita aceptar concesiones consideradas perjudiciales para determinados sectores del país.

Quebec rechaza ceder en productos lácteos

La cuestión de la gestión de la oferta agrícola se perfila como uno de los puntos más sensibles de las conversaciones.

La primera ministra de Quebec, Christine Fréchette, afirmó la semana pasada que las restricciones a la venta de alcohol estadounidense en los establecimientos estatales de la provincia se mantendrán hasta alcanzar un acuerdo considerado justo y que genere beneficios concretos para las industrias afectadas por los aranceles estadounidenses.

Fréchette también dejó claro que no está dispuesta a respaldar concesiones que perjudiquen los intereses económicos de Quebec.

Una mayor apertura del mercado canadiense a los productores lácteos estadounidenses continúa siendo rechazada por sectores políticos que defienden el sistema canadiense de gestión de la oferta.

El líder del Bloque Quebequense, Yves-François Blanchet, pidió igualmente a Carney que no acepte ningún acuerdo que debilite ese sistema.

Carney enfrenta críticas por concesiones anteriores

El Gobierno federal ya ha realizado algunas concesiones a Estados Unidos durante las negociaciones comerciales, una estrategia que ha provocado críticas tanto de sectores opositores como de especialistas.

El líder conservador Pierre Poilievre ha cuestionado públicamente esas decisiones y sostiene que Ottawa ha cedido terreno sin obtener beneficios equivalentes a cambio.

La especialista en derecho económico internacional Geneviève Dufour también ha señalado que algunas concesiones canadienses perjudicaron al país, particularmente en determinadas áreas relacionadas con la política cultural.

Sin embargo, Dufour reconoce que resulta difícil determinar qué habría ocurrido si Ottawa hubiera optado por no realizar esas concesiones.

El CUSMA entra en una nueva etapa

La situación se complicó aún más el 1 de julio, cuando Estados Unidos decidió no renovar el CUSMA en las condiciones existentes, lo que activó un mecanismo de revisión que podría repetirse anualmente durante los próximos diez años.

El acuerdo comercial, vigente desde 2020, reemplazó al antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte y constituye la base de una de las relaciones comerciales más importantes del mundo.

Para Canadá, la prioridad inmediata es evitar que los nuevos aranceles entren en vigor mientras intenta proteger sectores estratégicos y mantener el acceso preferencial al enorme mercado estadounidense.

Con apenas unos días antes del plazo fijado por Washington, las próximas reuniones entre Ottawa y la Casa Blanca podrían definir el rumbo de una relación comercial que mueve cientos de miles de millones de dólares cada año.

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