Ciudad del Vaticano, 3 de abril.- El papa León XIV preside este Viernes Santo su primer Viacrucis en el emblemático Coliseo de Roma, en una ceremonia cargada de simbolismo que incluye meditaciones con fuertes críticas a la guerra, los abusos de poder y la indiferencia global ante el sufrimiento humano.
Miles de fieles se congregan en el histórico anfiteatro, símbolo de la persecución de los primeros cristianos, para revivir el camino de Jesucristo hacia la crucifixión, mientras el pontífice carga personalmente con la cruz en uno de los momentos más solemnes del calendario litúrgico.
Las reflexiones de este año han sido redactadas por el fraile franciscano Francesco Patton, ex custodio de Tierra Santa, y ofrecen una mirada crítica al contexto actual sin mencionar países o líderes concretos.
Advertencia contra el abuso del poder y la guerra
Uno de los ejes centrales del Viacrucis es la denuncia de los excesos del poder político. Las meditaciones evocan la figura de Poncio Pilato como símbolo de gobernantes que ejercen la autoridad sin límites.
“El poder de juzgar, pero también de iniciar o detener una guerra, deberá rendir cuentas ante Dios”, subraya el texto, en clara alusión a los conflictos armados actuales.
Las oraciones también ponen el foco en las víctimas de guerras, genocidios y violencia, recordando especialmente a huérfanos, desplazados, migrantes y personas sometidas a torturas.
Denuncia del autoritarismo y defensa de la dignidad humana
El Viacrucis establece paralelismos entre el sufrimiento de Cristo y las prácticas de regímenes autoritarios actuales, así como abusos cometidos por individuos que deshumanizan a sus víctimas.
El texto también destaca el dolor de las madres que pierden a sus hijos en contextos de violencia, persecución o enfermedad, reflejando una realidad que, según las meditaciones, se repite en distintas partes del mundo.
Migrantes, presos y víctimas invisibles
Las reflexiones dedican especial atención a los presos y migrantes, denunciando deportaciones sin compasión, muertes en rutas migratorias y abusos en contextos de guerra.
Asimismo, se recuerda a los niños privados de su infancia y a las mujeres víctimas de trata, subrayando la necesidad de no caer en la indiferencia ante estas tragedias.
“Sigue concediéndonos lágrimas, Señor, para no perder la conciencia ante el sufrimiento”, implora uno de los pasajes.
Un llamado a la solidaridad y la responsabilidad global
El texto también pone en valor la labor de voluntarios que, al igual que el cireneo en el relato bíblico, ayudan a los más necesitados incluso arriesgando sus propias vidas.
Además, incluye una reflexión sobre la dignidad de los difuntos, reclamando que todos los cuerpos sean respetados y entregados a sus familias, y critica el sensacionalismo mediático que explota el dolor humano.
Inspirado en el legado de San Francisco de Asís, este primer Viacrucis de León XIV se presenta como un fuerte mensaje moral y espiritual al mundo, en un contexto marcado por conflictos, tensiones políticas y crisis humanitarias.








