Washington, 24 Mar.- El gobierno de Donald Trump ha enviado a Irán un plan de 15 puntos con el objetivo de poner fin a la guerra en Medio Oriente, en un intento por contener un conflicto que ya supera las cuatro semanas y que está teniendo fuertes repercusiones económicas a nivel global.
La propuesta fue entregada a través de Pakistán, según fuentes diplomáticas, aunque no está claro si ha sido plenamente compartida dentro del gobierno iraní ni si Irán estaría dispuesto a aceptarla como base para negociaciones. Tampoco se ha confirmado si Israel, aliado clave de Washington en la ofensiva militar, respalda la iniciativa.
El plan, cuyos detalles no han sido revelados en su totalidad, abordaría aspectos críticos como los programas nucleares y de misiles balísticos iraníes, principales objetivos de la campaña militar iniciada el pasado 28 de febrero por Estados Unidos e Israel. Ambos países han reiterado que no permitirán que Teherán desarrolle armas nucleares.
Mientras tanto, Irán continúa respondiendo con ataques con misiles contra territorio israelí y países vecinos, manteniendo además reservas de aproximadamente 440 kilogramos de uranio altamente enriquecido, lo que mantiene elevada la tensión internacional.
Uno de los puntos clave del plan estadounidense también se centra en garantizar la seguridad de las rutas marítimas, especialmente en el estratégico estrecho de Ormuz, donde Irán ha bloqueado el tránsito de buques occidentales, afectando gravemente el suministro mundial de petróleo y gas y provocando un alza en los precios energéticos.
A pesar de los esfuerzos diplomáticos, la guerra no muestra señales inmediatas de finalizar. Desde Washington, la Casa Blanca confirmó que las negociaciones están en curso, pero subrayó que la ofensiva militar continúa activa. “Mientras el presidente Trump y sus negociadores exploran esta posibilidad diplomática, la operación militar sigue en marcha”, indicó la portavoz presidencial.
En este contexto, el jefe del ejército pakistaní, Syed Asim Munir, ha emergido como intermediario clave entre ambas partes, con el respaldo de países como Egipto y Turquía, que buscan impulsar un diálogo. Incluso el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, ofreció su país como sede para eventuales negociaciones.
Sin embargo, la situación interna en Irán complica cualquier avance. Tras los ataques iniciales que provocaron la muerte del líder supremo Ali Khamenei, persisten dudas sobre quién controla actualmente las decisiones estratégicas del régimen, lo que dificulta una respuesta coordinada a la propuesta estadounidense.
El impulso diplomático de Washington sugiere que la administración Trump podría estar dispuesta a aceptar la continuidad del régimen iraní, aunque debilitado, en lugar de forzar un cambio de gobierno, una cuestión sobre la que tanto Trump como el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu han mostrado posturas ambiguas.








