WASHINGTON, DC, 18 feb. — El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha sostenido conversaciones discretas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y actual cuidador del expresidente cubano Raúl Castro, en un contexto de máxima presión de Washington sobre el Gobierno de Cuba, según informó este miércoles Axios.
De acuerdo con el medio estadounidense, estos contactos se estarían produciendo al margen de los canales oficiales del Ejecutivo cubano y reflejarían que la administración del presidente Donald Trump considera que Raúl Castro, de 94 años, sigue teniendo un peso determinante en la toma de decisiones en la isla, pese a no ocupar formalmente la Presidencia.
“Discusiones” sobre el futuro de la isla
Un alto funcionario de la administración Trump, citado por Axios, matizó que no se trataría de negociaciones formales. “Yo no las llamaría ‘negociaciones’, sino ‘discusiones’ sobre el futuro”, señaló la fuente.
Rubio, de ascendencia cubana y conocido por su postura crítica frente al Gobierno de La Habana, estaría explorando posibles escenarios de transición o transformación política. Según el reporte, el jefe de la diplomacia estadounidense y su equipo consideran que Rodríguez Castro, de 41 años, representa a una generación más joven y con mentalidad empresarial, que vería con escepticismo la continuidad del modelo comunista tradicional y podría estar abierta a un acercamiento con Estados Unidos.
“Nuestra postura —la postura del gobierno estadounidense— es que el régimen tiene que irse”, afirmó el alto funcionario a Axios. No obstante, agregó que la forma concreta que pueda adoptar un eventual cambio político dependerá de las decisiones del presidente Trump, quien aún no habría definido una hoja de ruta específica.
Un actor clave dentro del poder cubano
Rodríguez Castro es descrito como una figura influyente dentro del círculo íntimo del exmandatario cubano. Según una fuente citada por Axios, “es la niña de los ojos de su abuelo”, ha ejercido funciones como guardaespaldas personal y mantiene vínculos con sectores estratégicos del poder económico en la isla.
En particular, se le atribuyen relaciones con dirigentes del conglomerado militar-empresarial GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), considerado uno de los pilares económicos del sistema cubano y con fuerte presencia en áreas como el turismo, el comercio y las finanzas.
El medio estadounidense calificó las conversaciones entre Rubio y el nieto de Castro como “sorprendentemente amistosas”, lo que podría indicar un intento de abrir canales informales de entendimiento en un momento de elevada tensión bilateral.
Presión energética y crisis humanitaria
Las revelaciones se producen mientras Washington mantiene un férreo bloqueo energético sobre la isla, que ha agravado la crisis económica interna. La escasez de combustible ha afectado el transporte, el abastecimiento de productos básicos y el funcionamiento de hospitales y oficinas públicas, que operan en servicios mínimos. Los apagones prolongados se han vuelto frecuentes en distintas regiones del país.
En ese contexto, el presidente Trump afirmó el lunes por la noche que su Gobierno está en conversaciones con altos cargos cubanos, aunque las autoridades de La Habana lo han negado públicamente.
“Estamos hablando con Cuba ahora mismo. Marco Rubio está hablando con Cuba ahora mismo, y deberían totalmente llegar a un acuerdo, porque es… realmente, una amenaza humanitaria”, declaró Trump a bordo del avión presidencial.
Un posible punto de inflexión
Aunque no hay confirmación oficial de avances concretos, la existencia de estos contactos sugiere que, pese al endurecimiento de las sanciones, ambas partes podrían estar explorando vías de comunicación indirectas.
Para Washington, cualquier diálogo estaría condicionado a cambios estructurales en el sistema político cubano. Para La Habana, aceptar una interlocución informal podría interpretarse como un intento de aliviar la presión económica sin ceder públicamente en el plano político.
El desarrollo de estas conversaciones, si se confirma su continuidad, podría marcar un nuevo capítulo en la compleja relación entre Estados Unidos y Cuba, caracterizada durante décadas por ciclos de confrontación, distensión limitada y renovadas tensiones.








