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Carnaval de Río: la guía no escrita para sobrevivir cuatro días de fiesta bajo el sol

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RÍO DE JANEIRO, 16 feb.– Para quienes lo viven por primera vez, el Carnaval de Río de Janeiro es una explosión de música, baile y euforia colectiva. Pero para los veteranos, es también una prueba física y mental que exige estrategia, disciplina y experiencia para resistir cuatro días —y noches— de celebración bajo el intenso sol del verano brasileño.

Más allá de los disfraces brillantes y la samba contagiosa, existe una ciencia informal del Carnaval. Saber cuánto beber, qué comer y cuándo descansar puede marcar la diferencia entre disfrutar hasta el final o abandonar antes del Miércoles de Ceniza.

El delicado equilibrio

Mantenerse hidratado es indispensable en una ciudad donde las temperaturas superan fácilmente los 30 grados. Sin embargo, beber demasiada agua puede convertirse en un problema cuando encontrar un baño en medio de millones de personas resulta complicado y agotador.

El desayuno también es clave. Una comida ligera aporta energía suficiente para caminar por calles empedradas y seguir el ritmo de los blocos —las tradicionales fiestas callejeras—, mientras que un exceso puede traducirse en pesadez y lentitud justo cuando la música acelera.

El domingo marca el segundo día oficial del Carnaval, que culmina el Miércoles de Ceniza, pero muchos asistentes ya acumulan jornadas de celebración desde antes.

El kit de supervivencia

Helena Lemos, profesora de Geografía e Historia de 67 años, conocida también en la comunidad Hare Krishna como Kunti Devi Dasi, participa en el Carnaval desde su adolescencia. Este año tocará instrumentos de percusión en cinco blocos distintos.

Su estrategia comienza en casa. Desayuna té de limón, tapioca y café para facilitar la digestión y mantener la energía. Lleva frutas deshidratadas, almendras y pasas como provisiones ligeras. Después de las fiestas, opta por bebidas isotónicas para recuperar sales minerales, pero evita consumirlas antes de salir.

Para ella, la clave está en mantener el cuerpo ligero y fresco durante horas de movimiento constante.

Descanso y protección

Ana Rodrigues Andrade, farmacéutica de 44 años, tocará en nueve fiestas callejeras durante esta edición. En años anteriores llegó a participar en 15, además de desfilar en el sambódromo con varias escuelas de samba.

Su consejo principal: descansar entre presentaciones y prepararse bien antes de salir. Protector solar aplicado en casa y reaplicado durante el día es imprescindible. También recomienda llevar artículos básicos de higiene, como papel y desinfectante de manos, ante las limitaciones de los baños públicos.

Para los músicos, la protección física es igualmente importante. Cinta adhesiva para evitar ampollas y proteger las manos puede ser tan esencial como el instrumento mismo.

Seguridad ante todo

El profesor de educación física Diego Tiriba, de 49 años, asiste al Carnaval desde niño. Su fórmula es sencilla: austeridad en la calle y preparación previa en casa.

En medio de la multitud, limita lo que lleva consigo: algo de efectivo, tarjetas esenciales y el celular bien resguardado. Muchos asistentes esconden sus pertenencias bajo la ropa para reducir riesgos en una ciudad donde el delito oportunista aumenta durante las fiestas masivas.

Lo que no recomiendan los expertos

Los veteranos coinciden en evitar la comida callejera durante las celebraciones, ya que una indigestión puede arruinar la experiencia cuando los servicios sanitarios están saturados. También advierten sobre la combinación de calor intenso, cerveza y baile acelerado, que puede provocar mareos o deshidratación.

Y aun con experiencia, nadie está exento de errores. Andrade recuerda una ocasión en la que aplicó protector solar solo en el rostro y terminó con el resto del cuerpo enrojecido. Este año, admite entre risas, olvidó sus rodilleras para amortiguar el peso del tambor.

Más que fiesta, resistencia

El Carnaval de Río es una celebración vibrante que proyecta al mundo imágenes de alegría y libertad. Pero para quienes lo viven desde dentro, también es un ejercicio de resistencia, planificación y conocimiento del propio cuerpo.

Porque en Río, la samba no solo se baila: se sobrevive.

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