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Agencias de inteligencia estadounidenses alertan sobre vínculos de Irán y Hezbolá con el ELN en operaciones criminales en Venezuela y Colombia

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Washington, 12 de enero. Redes criminales transnacionales que combinan terrorismo, narcotráfico y lavado de dinero han construido un entramado global que conecta el Caribe, Sudamérica y Oriente Medio, con epicentros estratégicos en Dubái, Qatar, Irán y Venezuela, según informes de inteligencia.

De acuerdo con estos análisis, las estructuras operan bajo la protección de sectores del Estado venezolano y con el respaldo operativo y financiero de Hezbolá, lo que les permite financiar conflictos armados, evadir controles internacionales y expandir su influencia criminal en al menos tres continentes.

Dubái es identificado como el principal centro operativo y financiero de la red. La residencia estable de individuos de alto perfil, junto con canales financieros en Doha y la coordinación con el régimen iraní en Teherán, consolidan una estructura capaz de manipular economías regionales, financiar guerras y sortear los mecanismos tradicionales de inteligencia y justicia.

Los informes advierten sobre la necesidad de reforzar el monitoreo de flujos migratorios y financieros entre Dubái, Doha, Teherán, Caracas, Bogotá, Ciudad del Este y Maicao, así como de intensificar la cooperación internacional para impedir que estas redes escalen hacia acciones directas contra intereses aliados.

La triple frontera y el rol de Colombia y Venezuela

Se destaca la expansión reciente de células de apoyo vinculadas a Hezbolá en la triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina, una zona históricamente utilizada para la recaudación de fondos, el lavado de dinero y el adoctrinamiento.

En paralelo, rutas estratégicas conectan el noreste de Colombia —especialmente La Guajira— con el occidente venezolano y el Líbano. Se han identificado células pasivas en Maicao y Paraguaipoa, con vínculos familiares y comerciales con operadores radicados en Líbano o Venezuela, que brindan apoyo logístico y entrenamiento.

La región presenta condiciones favorables para estas operaciones debido a la debilidad institucional y la alta informalidad, factores que han permitido la instalación de campamentos clandestinos donde se entrenan criminales internacionales.

Lavado de dinero y financiación de conflictos internacionales

El entramado criminal utiliza mecanismos sofisticados de lavado de activos mediante empresas fachada en Qatar, presentadas como contratistas de los sectores energético y de infraestructura. A través de estas compañías se triangulan recursos desde Colombia y Venezuela hacia Doha, Líbano e Irán, ocultando el origen ilícito de los fondos.

Parte de este dinero es destinado a financiar conflictos en Gaza, Líbano, Siria, Yemen e Irak, elevando la amenaza de regional a transcontinental con implicaciones geopolíticas.

Los grupos armados colombianos, entre ellos el ELN, las disidencias de las Farc lideradas por Iván Mordisco y la Segunda Marquetalia, constituyen un pilar clave de este sistema. Controlan corredores de cocaína y oro, reciben pagos en criptomonedas, armas y logística, y facilitan el tránsito por rutas no oficiales, incluyendo entrenamiento en drones, comunicaciones cifradas y contrabando.

Corredores transatlánticos y expansión estratégica de Hezbolá

Una de las innovaciones más relevantes de la red es el uso de corredores transatlánticos para mover y ocultar personas de alto valor, como emisarios libaneses y sirios, a través de puntos como Caracas, Maicao, Foz de Iguazú y Santa Cruz de la Sierra. Este esquema permite evitar controles migratorios y trasladar recursos estratégicos de forma clandestina.

Estudios recientes señalan que Hezbolá, apoyado por la Fuerza al-Quds de Irán, ha consolidado en América Latina una plataforma de financiamiento y proyección estratégica. Aprovecha fronteras porosas y mercados ilícitos para articular narcotráfico, lavado de dinero y alianzas con grupos armados locales.

La expansión actual busca asegurar rutas logísticas y financieras internacionales, reforzando su capacidad de acción transcontinental y su influencia directa en conflictos geopolíticos de Oriente Medio.

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