La Haya, 28 oct.— Los Países Bajos se preparan para unas elecciones generales históricas este miércoles, caracterizadas por una fragmentación política sin precedentes y la ausencia de una mayoría clara que garantice estabilidad. Con 13,4 millones de votantes convocados a las urnas, el país afronta su tercera cita electoral en menos de cinco años, en un contexto de incertidumbre, descontento social y polarización ideológica.
La campaña ha estado dominada por tres grandes temas: la crisis de vivienda, la política migratoria y el aumento del costo de vida, cuestiones que han monopolizado los debates y reflejan el malestar de una población que exige respuestas a problemas estructurales que los sucesivos gobiernos no han resuelto.
Un país sin mayorías y con una política en crisis
El panorama político neerlandés es uno de los más fragmentados de Europa. En el Parlamento actual conviven 15 partidos, y para estos comicios 27 formaciones compiten por los 150 escaños de la Cámara Baja. Según los últimos sondeos, al menos cuatro o cinco fuerzas políticas tienen opciones reales de liderar el nuevo gobierno, entre ellas el Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders, el bloque progresista GroenLinks-PvdA, el Partido Democristiano (CDA), los liberales progresistas de D66 y el VVD, partido liberal conservador que gobernó bajo el liderazgo de Mark Rutte durante más de una década.
Wilders, conocido por su discurso abiertamente antieuropeísta y antiinmigración, llega como favorito aunque en retroceso respecto a las elecciones anteriores: las encuestas le otorgan 31 escaños, frente a los 37 actuales. Su formación, sin embargo, sigue siendo la más votada del país, pese a su estructura limitada —es el único miembro oficial del PVV— y a la fuerte oposición del resto de partidos.
El fracaso del último gobierno de coalición, liderado por Dick Schoof, derivó en la convocatoria de estas elecciones anticipadas. Aquella alianza, que unió a cuatro partidos de derechas, tardó ocho meses en formarse y solo duró once, colapsando tras las tensiones internas sobre la política de asilo y la salida de Wilders del Ejecutivo.
Antes de Schoof, los dos gabinetes de Mark Rutte también habían caído prematuramente: el primero en 2021 por un escándalo fiscal en la Agencia Tributaria, y el segundo en 2023 por divisiones internas sobre migración.
Vivienda, migración e inflación: las tres grandes preocupaciones
La escasez de vivienda asequible ha sido el tema más sensible de la campaña. Los altos precios de los alquileres y la falta de nuevas construcciones han empujado a miles de jóvenes y familias de clase media a situaciones de precariedad.
El debate migratorio ha polarizado aún más la discusión política. Mientras los partidos conservadores piden restricciones drásticas a las solicitudes de asilo, los sectores progresistas defienden una política más humanitaria y europea.
A ello se suma la pérdida de poder adquisitivo: la inflación interanual alcanzó el 3,3 % en septiembre, lo que ha intensificado las demandas de reformas fiscales y aumentos salariales para proteger a las clases bajas y medias.
Campaña tensa y debates encendidos
La campaña electoral ha sido una de las más tensas en años. Durante el penúltimo debate televisado, Wilders provocó abucheos al proponer reducir el IVA al 0 % y financiarlo con la eliminación de la cooperación internacional: “Quizá tengan un poco más de hambre en África, pero no aquí”, declaró, desatando una ola de críticas.
Su regreso a la campaña, tras haberla suspendido temporalmente por motivos de seguridad, cambió el tono del debate político. Rivales como Rob Jetten (D66) lo acusaron de haber “destruido veinte años de tolerancia y progreso en Países Bajos con su política de odio”. Wilders respondió con sarcasmo: “Una historia perfectamente ensayada”.
Mientras tanto, Frans Timmermans, líder del bloque progresista GroenLinks-PvdA, alertó del “peligro del extremismo” y llamó a defender la democracia neerlandesa. El centrista Henri Bontenbal (CDA) abogó por “un nuevo aire político y un primer ministro desde el centro”, aunque reconoció que no buscará otro cargo si no logra encabezar el gobierno.
Elecciones abiertas y futuro incierto
La elevada indecisión del electorado mantiene el resultado completamente abierto. Los analistas anticipan negociaciones prolongadas para formar gobierno, lo que podría prolongar la inestabilidad política que el país arrastra desde 2019.
Esta noche se celebrará el último debate televisado, donde los principales candidatos intentarán convencer a los votantes indecisos y marcar la diferencia antes del cierre de campaña.
Sea cual sea el resultado, todo apunta a que Países Bajos seguirá dividido, con un Parlamento más plural pero también más difícil de gobernar, reflejo de una sociedad cansada de la política tradicional y cada vez más inclinada hacia los extremos.







