Longueuil, 29 sep.– La comunidad de la costa sur de Montreal continúa conmocionada tras la muerte de Nooran Rezayi, un adolescente afgano de 15 años, abatido a tiros por la policía el pasado domingo en Longueuil. El caso ha desatado una ola de indignación, protestas y denuncias de racismo sistémico contra la fuerza policial local.
Entre los manifestantes se encontraba Zara Adel, de 11 años, también de origen afgano, quien expresó su dolor y cercanía con la víctima. “Vine aquí para presentar mis respetos a la familia”, dijo, acompañada por su tía y su hermano menor. Con lágrimas en los ojos, exigió justicia: “¿Y si le pasara a tu hermano, a tu familia? No es justo”.
Los hechos del tiroteo
Según la versión policial, los agentes respondieron a una llamada al 911 que alertaba sobre un grupo de jóvenes presuntamente armados en una zona residencial. Durante la intervención, uno de los oficiales disparó contra Rezayi, provocándole la muerte en el acto.
La Oficina de Encuestas Independientes de Quebec, organismo supervisor de la policía, informó que en la escena del tiroteo se recuperó un bate de béisbol, así como una mochila y varios pasamontañas. La única arma de fuego encontrada pertenecía al agente que efectuó el disparo. El oficial ha sido puesto en licencia médica indefinida mientras avanza la investigación.
Protestas y demandas de justicia
El domingo, decenas de personas se congregaron nuevamente en Longueuil para exigir justicia. La manifestación incluyó una marcha hacia la comisaría local, donde los esperaba un cordón de agentes antidisturbios.
Uno de los organizadores, Francisco Fabián Castro, señaló la falta de transparencia en la actuación policial y reclamó que los agentes porten cámaras corporales: “Garantizarán que lo que dice la policía sea cierto y factual”.
Castro, quien afirmó no conocer a la familia para respetar su duelo, dijo que organizó la protesta porque “estamos cansados del racismo sistémico y de ser tratados como ciudadanos de segunda clase”. Denunció que sus amigos negros son frecuentemente detenidos bajo pretextos falsos, como supuestas coincidencias con sospechosos o vehículos robados.
Otra manifestante, Marie-Claude Tremblay, cuestionó el uso de la fuerza letal: “No es justo que se haya sacado un arma cuando no había evidencia de que los chicos representaran un riesgo para la policía”.
Clamor por cambios estructurales
Las voces en Longueuil apuntan a un problema más amplio: la desconfianza en las instituciones de control policial y la percepción de que el racismo estructural permea las prácticas de seguridad en Quebec.
Mientras tanto, la familia de Rezayi guarda silencio y recibe el apoyo de la comunidad afgana y de otros colectivos migrantes. Las protestas, que comenzaron con vigilias en honor al adolescente, se han transformado en un llamado urgente a la reforma policial.
El servicio de policía confirmó que no hubo arrestos durante la protesta, pero el caso continúa aumentando la presión sobre las autoridades locales y provinciales.








