Toronto, 27 junio.- La presencia del ex alto funcionario iraní Mahdi Nasiri en Canadá ha desatado una oleada de indignación entre la diáspora iraní y sectores defensores de derechos humanos que exigen explicaciones al gobierno de Justin Trudeau sobre cómo obtuvo una visa y por qué no ha sido expulsado del país.

Nasiri, conocido por su rol como director del diario ultraconservador Kayhan y por ocupar cargos clave vinculados al régimen de los ayatolás entre 2001 y 2009, publicó en abril su llegada a Canadá en redes sociales, lo que generó reacciones inmediatas y pedidos de investigación a la Real Policía Montada de Canadá (RCMP).

El abogado y activista Kaveh Shahrooz, exiliado en Canadá, declaró que su arribo representa “una burla” a los compromisos asumidos por Ottawa en 2022, cuando se prometió cerrar las puertas a funcionarios del régimen iraní involucrados en violaciones de derechos humanos.

El oscuro historial de Nasiri

Durante la década de 1990, Mahdi Nasiri dirigió Kayhan, medio estatal financiado directamente por la oficina del líder supremo Ali Jameneí. Desde ese espacio, según Shahrooz, se orquestaban campañas de persecución contra disidentes. Luego, entre 2001 y 2005, fue subdirector político del consejo que define el contenido de los sermones de los imanes de los viernes, utilizados por el régimen como principal canal de propaganda ideológica y legitimación del poder teocrático.

Posteriormente, entre 2005 y 2009, ejerció como alto representante de la oficina del líder supremo en Emiratos Árabes Unidos, un cargo diplomático reservado exclusivamente para personal de máxima confianza del régimen.

Una visa emitida en 2023, pese a la prohibición vigente

Nasiri asegura que obtuvo su visa de visitante en 2023, antes de que se ampliara la prohibición de ingreso a exfuncionarios iraníes. Según explicó, el visado fue tramitado en el consulado canadiense de Estambul en cuestión de días, y fue invitado por su hijo, ciudadano canadiense.

Dijo que no fue requerido a declarar actividades previas a los últimos 10 años, durante los cuales afirma no haber ocupado ningún cargo público. “Nunca trabajé en inteligencia ni en el aparato de seguridad”, sostuvo.

Sin embargo, expertos en seguridad y analistas iraníes advierten que su perfil es incompatible con la narrativa de un simple periodista o figura devocional. El periodista Babak Taghvaee asegura que Nasiri fue “una de las figuras más duras del régimen” y que su cercanía con el aparato ideológico del Estado islámico podría implicar vínculos con los servicios de inteligencia.

Reinvención y estrategia de supervivencia

Taghvaee y otros analistas alertan que múltiples exfuncionarios iraníes están ingresando a países occidentales como Canadá reinventándose como disidentes, aliándose públicamente con figuras opositoras como Reza Pahlavi —hijo del último sha— para allanar el camino a solicitudes de asilo o residencia permanente.

Nasiri, por su parte, niega haber solicitado refugio y afirma que desea volver a Irán, aunque no dio fechas. Insiste en que es un “crítico activo” del régimen desde hace seis años y que mantiene una “postura liberal”.

Inacción de las autoridades y cifras mínimas

La Agencia de Servicios Fronterizos de Canadá (ASFC) ha cancelado más de 130 visas de presuntos funcionarios iraníes desde 2022, y solo 20 personas han sido formalmente declaradas inadmisibles. Hasta ahora, solo tres casos llegaron a audiencias de inmigración con orden de deportación.

“Es casi ridículo”, dijo la abogada Mojdeh Shahriari, exmiembro de la Junta de Inmigración y Refugiados de Canadá, quien ahora encabeza una investigación ciudadana sobre al menos 375 presuntos miembros del régimen iraní y sus familias en suelo canadiense. Afirma haber entregado información sobre casi 100 de ellos a las autoridades sin que se tomen acciones concretas.

Presión sobre el gobierno de Trudeau

La llegada de Nasiri ha reabierto el debate sobre la efectividad de las políticas migratorias canadienses frente a figuras ligadas a regímenes autoritarios. El gobierno de Trudeau, que en 2022 endureció su postura contra el régimen iraní, enfrenta ahora cuestionamientos sobre la implementación real de sus medidas.

Organizaciones de derechos humanos, líderes de la comunidad iraní en Canadá y expertos en seguridad exigen una auditoría inmediata del caso de Nasiri y un endurecimiento del escrutinio en la emisión de visas.

“El mensaje que se está enviando es peligroso”, concluyó Shahrooz. “Mientras ciudadanos comunes arriesgan sus vidas por la libertad en Irán, los arquitectos del régimen parecen encontrar refugio en Canadá sin mayores obstáculos”.

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