Estambul/Bagdad, 25 junio.- Tras el inicio de los ataques aéreos israelíes el pasado 13 de junio contra instalaciones nucleares y militares iraníes, las autoridades de Irán han cambiado su enfoque de un alto el fuego tácito a una estricta represión interna, con arrestos masivos, ejecuciones y un aumento de la presencia militar, especialmente en la región kurda, según informaron funcionarios y activistas.
Desde los primeros días de los bombardeos, las fuerzas de seguridad iraníes lanzaron una campaña de detenciones generalizadas, acompañada de una mayor vigilancia en las calles y un fuerte control en puestos de control, en un intento por prevenir disturbios y desórdenes sociales.
Represión enfocada en la región kurda y vigilancia intensificada
Funcionarios iraníes indicaron que la prioridad de seguridad interna se ha orientado hacia la amenaza de posibles levantamientos, especialmente en las provincias kurdas, donde las minorías étnicas sunitas kurdas y baluchis han mostrado históricamente oposición al régimen chiíta.
Las unidades paramilitares de la Guardia Revolucionaria y el grupo Basij han sido puestas en alerta máxima y desplegadas en zonas sensibles. Se reporta que han realizado operativos casa por casa, buscando sospechosos y armas en ciudades como Kermanshah y Sanandaj, así como el despliegue de tropas en fronteras con Pakistán, Irak y Azerbaiyán para impedir infiltraciones.
Arrestos y ejecuciones
Desde el comienzo de la campaña militar, el grupo de derechos humanos HRNA contabiliza al menos 705 arrestos por cargos políticos o de seguridad, muchos por supuesta colaboración con Israel. Medios estatales confirmaron la ejecución de tres prisioneros kurdos en Urmia, cerca de Turquía.
En la región kurda, grupos opositores como el Partido Democrático del Kurdistán iraní (KDPI) y el Partido de la Vida Libre del Kurdistán (PJAK) reportan cientos de detenidos, controles rigurosos con registros de personas y revisión de dispositivos móviles en puestos de control.
Contexto y reacción interna
Pese a expectativas externas de un levantamiento masivo contra el régimen, activistas locales mantienen un perfil bajo por temor a represalias, y no se han registrado protestas significativas.
Un activista de derechos humanos en Teherán, que prefirió anonimato, señaló la preocupación real de que el gobierno use la crisis para justificar medidas represivas más duras.
La situación evidencia un endurecimiento del régimen iraní para mantener el control interno ante la crisis regional y las presiones derivadas del conflicto con Israel.








