PEKÍN, 2 JUNIO – El gobierno chino desestimó este lunes las críticas formuladas por Estados Unidos respecto a un supuesto incumplimiento del acuerdo alcanzado en mayo para reducir temporalmente los aranceles bilaterales. En un comunicado oficial emitido por el Ministerio de Comercio, Pekín afirmó que ha cumplido «estrictamente» con lo pactado en Ginebra y acusó a Washington de socavar dicho consenso mediante restricciones adicionales y acusaciones infundadas.
Posición china: responsabilidad y cumplimiento
El portavoz del Ministerio de Comercio destacó que China ha actuado «con responsabilidad» y defendido «sus derechos legítimos» durante las negociaciones comerciales. Según la nota oficial, cualquier acusación de incumplimiento carece de fundamento, ya que Beijing ha suspendido o cancelado varias medidas arancelarias y no arancelarias previamente adoptadas como respuesta a las políticas proteccionistas estadounidenses.
Además, Pekín criticó duramente nuevas restricciones impuestas por EE. UU., incluidas guías de control sobre exportaciones de chips de inteligencia artificial, la prohibición de ventas de software de diseño de semiconductores y la revocación de visados para estudiantes chinos. «Estas acciones violan tanto el acuerdo de Ginebra como los compromisos adquiridos por los presidentes de ambos países durante una llamada telefónica el pasado 17 de enero», señaló el comunicado.
En caso de que Washington continúe dañando sus intereses, China advirtió que «tomará medidas firmes» para protegerlos. Este tono contundente refleja la creciente frustración de Beijing ante lo que percibe como un patrón repetitivo de comportamiento unilateral por parte de EE. UU.
Un acuerdo frágil bajo tensión
Ambas potencias habían pactado una tregua arancelaria de tres meses tras semanas de negociaciones intensas. Estados Unidos rebajó sus gravámenes del 145 % al 30 %, mientras que China disminuyó los suyos del 125 % al 10 %. Este acuerdo buscaba crear condiciones favorables para avanzar hacia un pacto más amplio y duradero.
Sin embargo, las tensiones han vuelto a escalar en los últimos días. Funcionarios estadounidenses apuntaron a presuntos subsidios ocultos otorgados por Beijing a empresas locales como posible motivo del desacuerdo. Paralelamente, se registró una caída del 20 % en las importaciones estadounidenses de bienes chinos durante abril, evidenciando el impacto económico de estas disputas.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, reconoció la semana pasada que las conversaciones están «estancadas». Aunque mencionó la posibilidad de una llamada entre Donald Trump y Xi Jinping para desbloquear la situación, Kevin Hassett, asesor económico de la Casa Blanca, confirmó este domingo que aún no hay una fecha programada para dicha conversación. «Esperamos que ambos líderes puedan abordar el tema comercial esta semana entrante», expresó Hassett.
Contexto político y estratégico
Las recientes declaraciones de ambas partes indican que la disputa comercial es solo uno de los múltiples frentes donde chocan los intereses de EE. UU. y China. Durante el foro de seguridad Shangri-La celebrado en Singapur, el jefe del Pentágono acusó a Beijing de intentar alterar el equilibrio estratégico en Asia, a lo que China respondió calificando tales afirmaciones como infundadas e inaceptables.
Este ambiente de desconfianza política complica aún más las negociaciones comerciales, dado que ambas naciones buscan no solo proteger sus economías, sino también fortalecer su posición global frente a retos emergentes.
Perspectivas futuras
Con las negociaciones estancadas y la falta de claridad sobre una reunión entre Trump y Xi, el futuro del acuerdo arancelario sigue siendo incierto. Si bien ambas partes reconocen la necesidad de un entendimiento mutuo, las diferencias fundamentales sobre prácticas comerciales y tecnológicas parecen persistir.
Pekín reiteró su llamado a Washington para corregir sus «acciones erróneas» y trabajar conjuntamente hacia la estabilidad económica. Sin embargo, si EE. UU. mantiene su postura actual, podría desencadenarse una nueva escalada en la guerra comercial, afectando aún más a sectores clave de ambas economías.
Esta disputa subraya la fragilidad de los acuerdos temporales en medio de relaciones internacionales cada vez más polarizadas. Mientras tanto, el mundo observa cómo dos de las mayores potencias económicas gestionan —o enfrentan— una crisis que tiene implicaciones globales.
El resultado dependerá de si ambos gobiernos logran encontrar terreno común antes de que expiren la tregua arancelaria pactada en mayo. Hasta entonces, las expectativas permanecen cautelosas, y la incertidumbre seguirá dominando los mercados internacionales.








