San Salvador, 28 mayo.— Un 85 % de los salvadoreños aprueba la gestión del presidente Nayib Bukele, según una encuesta realizada por la consultora CID Gallup y difundida este miércoles por la Presidencia de El Salvador. Este alto índice de popularidad se da en vísperas del primer aniversario de su controvertido segundo mandato consecutivo, el cual ha sido señalado como inconstitucional debido a disposiciones constitucionales que prohíben la reelección presidencial inmediata.
Régimen de Excepción: Eje de su Gestión
Uno de los pilares centrales de la administración de Bukele es el régimen de excepción, implementado desde marzo de 2022 con el objetivo de combatir las pandillas. Según datos oficiales, esta medida ha resultado en la captura de más de 85.900 supuestos miembros de pandillas y personas vinculadas a estas estructuras. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, incluida Amnistía Internacional (AI), han denunciado que dicha estrategia viola garantías fundamentales y facilita detenciones arbitrarias.
A pesar de estas críticas, nueve de cada diez salvadoreños apoyan la continuación del régimen de excepción, que ha sido prorrogado más de 30 veces por la Asamblea Legislativa bajo control oficialista. AI ha advertido que esta herramienta no solo afecta a pandilleros, sino también a ciudadanos inocentes, utilizándose ocasionalmente para silenciar voces disidentes.
Diferencias entre Encuestas
El nivel de aprobación revelado por CID Gallup supera los resultados obtenidos en una encuesta anterior realizada por el Centro de Estudios Ciudadanos (CEC) de la Universidad Francisco Gavidia (UFG). En abril, el CEC reportó una nota de 7,73 en una escala de 0 a 10, equivalente a un 77,3 % de aprobación, lo que representa la calificación más baja recibida por Bukele desde su llegada al poder en 2019.
Estas diferencias en los resultados pueden atribuirse tanto a metodologías distintas como a la polarización creciente en torno a su gobierno. Mientras algunos sectores ven en Bukele un líder eficiente capaz de restaurar la seguridad pública, otros lo critican por erosionar las instituciones democráticas y socavar derechos fundamentales.
Un Segundo Mandato Polémico
Bukele fue reelecto en febrero de 2024, rompiendo con principios establecidos en la Constitución salvadoreña, que prohíbe la reelección presidencial consecutiva. Su victoria electoral, aunque ampliamente respaldada por la población, generó debates sobre la legalidad del proceso y aumentó tensiones con actores políticos tradicionales y defensores de la democracia liberal.
Con su estilo directo y populista, Bukele ha logrado mantener altos niveles de aceptación popular mediante promesas de seguridad, desarrollo económico y lucha contra la corrupción. Sin embargo, sus detractores argumentan que estas políticas vienen acompañadas de restricciones a libertades civiles y consolidación de poderes ejecutivos excesivos.
Impacto Social y Político
El régimen de excepción sigue siendo uno de los temas más polarizadores en El Salvador. Sus defensores celebran una significativa reducción en índices de criminalidad y homicidios, mientras que sus opositores subrayan casos documentados de abuso policial y judicialización indebida de personas sin vínculos comprobados con grupos criminales.
Esta política ha permitido a Bukele fortalecer su imagen como protector de la ciudadanía frente a amenazas inmediatas, pero también ha generado preocupación sobre el futuro del Estado de derecho en el país. Organismos internacionales han pedido repetidamente revisar estas medidas y garantizar que respeten estándares mínimos de justicia y protección humana.
Conclusión
Aunque Nayib Bukele mantiene altos niveles de aprobación entre la población salvadoreña, su segundo mandato consecutivo y las medidas draconianas adoptadas durante su gobierno siguen siendo objeto de debate tanto dentro como fuera del país. La encuesta de CID Gallup refleja un apoyo contundente hacia su gestión, particularmente en áreas relacionadas con la seguridad pública. Sin embargo, las denuncias de violaciones a derechos humanos y prácticas autoritarias plantean interrogantes sobre la sostenibilidad democrática de su modelo de gobierno.
En medio de este panorama, queda claro que la figura de Bukele divide opiniones. Para muchos, es un innovador capaz de transformar positivamente un país azotado por la violencia; para otros, representa un peligroso desvío hacia formas de gobernanza que comprometen la estabilidad institucional. Con el primer año de su nuevo mandato próximo a cumplirse, su gobierno seguirá siendo monitoreado de cerca por observadores locales e internacionales en busca de equilibrio entre efectividad y respeto a las leyes fundamentales.








