MÁLAGA, 12 de mayo de 2023.- Durante un simposio previo al 32 Congreso Europeo de Obesidad (ECO), celebrado en Málaga, expertos internacionales han subrayado la necesidad de avanzar en las métricas utilizadas para evaluar la obesidad. Según los especialistas, es fundamental adoptar un enfoque más detallado y personalizado que vaya más allá del tradicional índice de masa corporal (IMC), cuya utilidad ha sido cuestionada debido a su incapacidad para reflejar con precisión la adiposidad corporal y la distribución de la grasa.
Limitaciones del Índice de Masa Corporal (IMC)
El IMC ha sido durante décadas una herramienta ampliamente empleada para clasificar la obesidad, pero los expertos reunidos en el simposio han coincidido en que no ofrece una visión completa ni precisa del estado de salud de un individuo. «El IMC no refleja adecuadamente la composición corporal ni la distribución de la grasa, lo que puede llevar a diagnósticos erróneos», explicaron desde la organización del congreso en un comunicado.
Para abordar esta limitación, se considera prioritario incorporar mediciones más específicas en la práctica clínica, como el porcentaje de grasa corporal (BF %) y la masa muscular. Estas métricas permiten una evaluación más precisa del riesgo cardiometabólico asociado con la obesidad, según destacó Javier Gómez Ambrosi, investigador de la Clínica Universidad de Navarra.
«La evaluación de la composición corporal debe convertirse en parte integral de la práctica clínica rutinaria si queremos mejorar el diagnóstico, la estratificación del riesgo y el manejo personalizado de la obesidad», afirmó Gómez Ambrosi.
Medidas Complementarias: Circunferencia de la Cintura y Relación Cintura-Altura
Además del IMC, los expertos recomiendan utilizar otras medidas antropométricas que complementen la evaluación del riesgo asociado con la obesidad. Entre ellas destacan:
- Circunferencia de la cintura (WC): Un indicador clave de la acumulación de grasa abdominal.
- Relación cintura-altura (WHtR): Esta medida ha demostrado ser útil para predecir el riesgo cardiovascular y metabólico.
Ambas métricas son especialmente relevantes porque la distribución de la grasa corporal juega un papel crucial en la salud. «La grasa visceral tiene un impacto más significativo en el riesgo cardiometabólico que la grasa subcutánea», explicó Gómez Ambrosi. Para una evaluación más precisa, sugirió el uso de técnicas de imagen, como la resonancia magnética o la tomografía computarizada, que permiten medir directamente la cantidad de grasa visceral.
Un Enfoque Integral: Combinación de Variables Antropométricas y Bioquímicas
Las intervenciones personalizadas también deben incluir variables bioquímicas, según destacaron Patricia Yárnoz (Clínica Universidad de Navarra) e Isabel M. Vegas Aguilar (Hospital Virgen de la Victoria de Málaga). La combinación de medidas antropométricas y análisis bioquímicos permite detectar de manera precoz alteraciones nutricionales y cambios en la composición corporal, facilitando un seguimiento individualizado de cada paciente.
Conocer la ingesta real del paciente es otro aspecto esencial para establecer pautas dietéticas adecuadas. Los expertos recomiendan asegurar un consumo óptimo de macronutrientes, con especial énfasis en la ingesta de proteínas, dentro de un patrón de dieta saludable. Este enfoque no solo favorece la pérdida de grasa disfuncional, sino que también ayuda a preservar la masa muscular, un factor crítico para mantener la funcionalidad y la calidad de vida.
Hacia una Estratificación del Riesgo Más Precisa
El simposio puso de manifiesto que la obesidad no puede tratarse como una condición homogénea. Cada paciente presenta características únicas en términos de composición corporal, distribución de grasa y riesgos asociados. Por ello, los expertos abogan por un modelo de atención más individualizado que tenga en cuenta estos factores.
«La estratificación del riesgo basada en métricas avanzadas permitirá optimizar las intervenciones terapéuticas y mejorar los resultados a largo plazo», concluyó Gómez Ambrosi. Este enfoque podría transformar la forma en que se diagnostica y trata la obesidad, contribuyendo a reducir su impacto en la salud pública.
Un Cambio Necesario en la Práctica Clínica
Los debates en el simposio han dejado claro que el manejo de la obesidad requiere un cambio de paradigma. Incorporar herramientas más precisas y personalizadas en la práctica clínica no solo mejorará el diagnóstico, sino que también permitirá diseñar intervenciones más efectivas y sostenibles.
El 32 Congreso Europeo de Obesidad (ECO), que arranca este domingo en Málaga, servirá como plataforma para discutir estas innovaciones y avanzar hacia un modelo de atención más integral y centrado en el paciente. La comunidad científica espera que estas propuestas se traduzcan en políticas clínicas que beneficien a millones de personas afectadas por la obesidad en todo el mundo.
En un contexto donde la obesidad sigue siendo uno de los principales desafíos de salud pública, este enfoque representa un paso crucial hacia una atención más precisa y eficaz.








